Buenos días,
Para entender de verdad qué ha pasado esta semana no basta con mirar el cierre de los índices, toca bajar al barro. Mientras las grandes compañías ligadas a la inteligencia artificial han seguido sufriendo ventas, buena parte del resto del mercado ha encontrado compradores. A la vez, hemos visto una limpieza importante de posiciones en fondos y a los bonos estadounidenses recuperando su papel tradicional de refugio. Creo que se están empezando a dar las condiciones para un rebote táctico, sobre todo en tecnología de calidad. Eso sí, todavía nos falta ver el giro que lo confirme.
La semana que entra va a ser una buena prueba de fuego para comprobarlo. El miércoles a las 19:00 tenemos decisión de tipos de la Fed y el jueves se nos juntan el PIB estadounidense, la inflación PCE (13:30) y la reunión del BCE (14:15). El mercado va a tener que poner en la balanza cuánto pesa el miedo a un frenazo económico frente a una inflación que sigue recibiendo presión por el lado de la energía.
Hoy me voy a detener bastante en cómo se está financiando toda la fiebre de la IA (ese paso del entusiasmo ciego a mirar con lupa quién paga la factura). Que una cotización caiga con fuerza puede dejarnos una oportunidad estupenda, pero antes hay que entender qué está descontando el precio: una simple venta forzada por posicionamiento, unas previsiones de beneficios demasiado optimistas o un modelo de negocio que necesita captar capital cada vez más caro para seguir creciendo. En esa diferencia se va a jugar buena parte de lo que ocurra a partir de ahora.
Un índice flojo que esconde un mercado bastante más sano
La semana cerró con el S&P 500 dejándose un -0,47% y el Nasdaq Composite un -0,71%. Por contra, el Dow Jones sumó un +0,41% y las pequeñas compañías del Russell 2000 se anotaron un +2,00%. Y fijaos en lo que ocurrió por dentro del S&P: el 66% de sus compañías terminó en positivo, siete de los once sectores subieron y nueve lo hicieron mejor que el propio índice. De hecho, el S&P 500 equiponderado (donde cada empresa pesa exactamente lo mismo) subió alrededor de un +1,1%. Hay mucha más miga aquí que en la foto fija del índice.
Fijaos en el mapa de la semana. Las grandes cajas rojas (Meta -9,40%, Alphabet -5,98% o el bloque de equipos de semiconductores como Lam Research -12,82%) se llevan todos los titulares, pero alrededor asoma muchísimo verde en salud, energía, defensa o ciberseguridad. Es el riesgo de concentración del que hablamos tantas veces: como en una cartera donde unas pocas acciones pesan demasiado, cuando esas tropiezan arrastran todo el índice y tapan una semana muy razonable para la mayoría.

Gráfico 1. Mapa semanal del S&P 500: el castigo en las grandes tecnológicas y semiconductores oculta avances generalizados en el resto del mercado.
Si comparamos el equiponderado frente al índice por capitalización se ve todavía mejor. Cuando el equiponderado toma ventaja significa que el dinero se está repartiendo entre más compañías (ese relevo desde las megacaps hacia la economía real). Además, el estilo valor ha superado a crecimiento por tercera semana consecutiva. Ya empieza a asomar cierta continuidad, aunque está por verse si aguanta el tipo cuando llegue la próxima sacudida.

Gráfico 2. Divergencia en octubre entre el S&P 500 equiponderado (al alza, en los 216,74 puntos) y el ETF del índice por capitalización (a la baja, en los 761,23).
Para nuestras carteras esto deja dos tareas muy claras: vuelve a haber terreno para la gestión activa y conviene revisar solapamientos. Uno puede tener cuatro fondos globales distintos y descubrir que, en la práctica, todos dependen del mismo puñado de grandes tecnológicas. Merece la pena mirar sus principales posiciones y sumar cuánto pesan en conjunto. Diversificar va de repartir los riesgos reales que asumimos, no de acumular productos.
Ahora bien, tampoco caigamos en el error de pensar que todo lo que queda fuera de la IA es un búnker. Varios grupos industriales (como GE o Caterpillar) han sufrido un buen recorte esta semana, mientras que software, constructoras de vivienda y ciertas áreas financieras han demostrado mucha fortaleza. Lo que me interesa ahora mismo es seguir el rastro de esos compradores y comprobar qué sectores aguantan de pie cuando el mercado vuelve a torcerse.
Limpieza de posiciones y condiciones para buscar un suelo
El modelo de riesgo que tenéis debajo acaba de entrar en zona de sobreventa. Esto nos dice que la presión vendedora ya ha sido intensa y nos da permiso para empezar a vigilar un posible suelo, pero cuidado: todavía no hay giro confirmado. Un mercado sobrevendido puede seguir goteando a la baja perfectamente si aparecen sustos nuevos por el lado del crédito o de los beneficios.

Gráfico 3. El modelo agregado de riesgo del S&P 500 entra en zona de sobreventa, a la espera todavía de confirmar un giro al alza.
También llama la atención la carrera hacia la liquidez. Fijaos en el repunte que marcan las entradas acumuladas de tres meses en fondos monetarios y ETFs asimilables a efectivo junto a la evolución del S&P 500. Hay una demanda altísima de refugio y mucha pólvora seca en la banda, aunque ese dato por sí solo no nos dice cuándo volverá ese dinero a la renta variable (y una parte puede quedarse esperando tranquilamente durante bastante tiempo).

Gráfico 4. Fuerte repunte en las entradas acumuladas de tres meses hacia fondos monetarios y ETFs de liquidez.
En paralelo, se ha disparado a máximos históricos la actividad en ETFs bajistas. Hay prisa por cubrir carteras y también apuestas directas contra la bolsa. Ojo al matiz para no sacar conclusiones de más: el gráfico mide volumen negociado, que suele multiplicarse en días de nervios sin que eso implique exactamente el mismo aumento en las posiciones cortas que se quedan abiertas al cierre.

Gráfico 5. Récord histórico de volumen negociado en ETFs bajistas en plena búsqueda de protección por parte de los inversores.
Aquí entra en juego un mecanismo de fontanería de mercado que explica muy bien la violencia de algunas sesiones recientes. Imaginad un fondo long/short que mantiene compradas sus grandes tecnológicas favoritas y, para cubrirse, vende en corto otras acciones que ve más flojas. Si el mismo día caen sus tecnológicas y suben las empresas que tiene en corto, pierde dinero por los dos lados a la vez. Cuando salta el control de riesgos, se ve forzado a vender sus compras y recomprar corriendo sus cortos, alimentando justo el movimiento que le está haciendo daño.
Para ponerle cifras al golpe, la cesta que enfrenta las posiciones largas favoritas de los hedge funds contra las acciones más vendidas en corto se dejó alrededor de un -4,2% solo el jueves, y ya acumula cerca de un -10,4% en octubre. Lógicamente mide una estrategia concreta de valor relativo (no la rentabilidad de todos los fondos ni del mercado en general), pero explica de sobra por qué muchos gestores institucionales han sufrido una semana bastante más dura de lo que sugiere un S&P casi plano.
Tras este ajuste, la exposición neta de los fondos estadounidenses de estrategias largas y cortas ha bajado hasta el 43,4% (percentil 0% del último año y de los últimos cinco). Pero fijaos en la columna de al lado: la exposición bruta sigue arriba del todo, en el 216,1% (percentil 91% a cinco años). La diferencia importa mucho. En números redondos, si por cada 100 euros de patrimonio tienes 130 comprados y 87 vendidos en corto, tu exposición neta al mercado es de solo 43, pero tu exposición bruta sigue siendo de 217. Las dos patas siguen muy cargadas.

Gráfico 6. Apalancamiento de los fondos long/short en EE. UU.: la exposición neta cae al 43,4% mientras el apalancamiento bruto permanece elevado en el 216,1%.
Por eso prefiero hablar de una buena limpieza en exposición neta, no de borrón y cuenta nueva. Sigue habiendo vulnerabilidad en las posiciones brutas y en índices concretos como el Nasdaq, donde el posicionamiento continúa alto. La parte positiva es que, si los precios dejan de caer, toda esa reducción previa de riesgo puede obligar a más de uno a recomprar para reconstruir cartera. Pero primero necesitamos ver aparecer a esos compradores.
La factura de la IA empieza a pesar (y obliga a separar el grano de la paja)
Dentro de tecnología ya no sirve comprar el bloque entero al peso, va a tocar seleccionar con bisturí. Esta misma semana hemos visto cómo el software de infraestructura IA (+8,58%) y las empresas ligadas a agentes de IA (+3,40%) aguantaban en positivo, mientras los operadores de centros de datos (-4,40%), proveedores cloud especializados (-4,42%) y redes ópticas (-5,48%) sufrían ventas de consideración. Todos llevan el apellido IA, pero sus necesidades de capital y su forma de generar ingresos juegan en ligas distintas.

Gráfico 7. Brecha de comportamiento semanal dentro de la IA: el software y las aplicaciones lideran mientras centros de datos, semiconductores y redes ópticas corrigen.
Si lo piensas bien, tiene toda la lógica económica del mundo. Una compañía que utiliza IA para recortar costes o vender mejor su servicio sale ganando cada vez que se abarata la capacidad de cómputo. Por contra, quien se está dejando una fortuna en levantar naves, comprar servidores y asegurar energía necesita recuperar toda esa inversión inicial. Si bajan sus precios de venta, está obligado a compensarlo con mucha más utilización, menores costes o más volumen. Que el uso crezca como la espuma no resuelve por sí solo la pregunta sobre la rentabilidad final.
El gráfico de los tokens (la unidad con la que se mide el volumen de texto que procesan estos modelos) lo ilustra de maravilla. Su consumo se ha multiplicado de forma casi vertical mientras el coste por millón de tokens no ha dejado de bajar. Para ampliar el mercado y crear aplicaciones nuevas es una gran noticia, pero también provoca que la facturación de los proveedores crezca menos que la carga de trabajo que soportan sus máquinas.

Gráfico 8. Explosión en el volumen de tokens procesados por los grandes modelos de IA frente al abaratamiento continuo del coste por unidad.
Pensadlo con una cuenta rápida: si el precio unitario cae un 50% y el volumen se duplica, el ingreso total no se mueve ni un céntimo. El proveedor trabaja el doble para facturar lo mismo, y su margen dependerá únicamente de cuánto haya logrado rebajar el coste de atender esa demanda. ¿Significa esto que se esté pinchando la demanda de IA? Para nada. Significa que uso disparado y gasto más contenido pueden convivir perfectamente.
Y ahí salta la siguiente pregunta: ¿cuánto cuesta montar toda esa capacidad? Las previsiones actuales sitúan la inversión conjunta de los grandes hiperescaladores y nuevos proveedores de nube para IA cerca de los 1,58 billones de dólares (con b) en 2027 y 1,81 billones en 2028 si sumamos los arrendamientos operativos al CapEx en efectivo (1,39 billones en 2027). Conviene distinguir qué parte es salida directa de caja y qué parte son contratos de alquiler a largo plazo, pero en cualquier caso la escala de las cifras obliga a mirar con lupa cómo se va a financiar.

Gráfico 9. Previsión de inversiones en infraestructura de IA entre 2026 y 2028 (en miles de millones de dólares), desglosando desembolso en efectivo y arrendamientos operativos.
Aquí es donde beneficio contable y caja libre pueden contar dos películas muy distintas. Cuando compras equipos, el dinero sale de la caja al pagarlos, mientras que en la cuenta de resultados el gasto se reparte amablemente durante varios años vía amortizaciones. Una empresa puede publicar beneficios crecientes y, a la vez, tener que endeudarse más para pagar sus inversiones. Y si encima esos servidores quedan obsoletos antes de lo previsto, el retorno económico real se quedará por debajo de lo que hoy descuentan las cotizaciones.
Fijaos ahora en este ejercicio de estrés sobre cobertura de intereses (cuántas veces cubre el beneficio operativo el pago de intereses si toca emitir deuda nueva). En el bloque de máxima calidad (Amazon, Meta, Alphabet y Microsoft), la cobertura bajaría de unas holgadísimas 30,7 veces a 11,9 veces. En cambio, en el grupo más apalancado del ejercicio (Oracle o SpaceX), caería de 4,0 veces a apenas 1,8 veces. Los dos escalones se estrechan, pero el colchón de seguridad no tiene nada que ver.

Gráfico 10. Simulación de cobertura de intereses para 2027: los hiperescaladores de mayor calidad conservan un margen amplio (11,9x) frente al estrecho colchón del segundo grupo (1,8x).
Evidentemente es una simulación teórica prudente (deja congelado el beneficio operativo de 2026 y asume emisiones a tipos del 7% y del 8,5%), no una bola de cristal sobre qué emitirá cada uno. Su valor está en medir la sensibilidad al fallo. Cubrir intereses 1,8 veces quiere decir que, por cada dólar o euro que pagas de intereses, generas solo 1,8 de beneficio operativo. Si el negocio tropieza o refinanciarse sale más caro, te quedas sin margen de maniobra mucho antes que quien cubre casi doce veces.
El mercado de crédito, que suele tener el olfato bastante fino para estas cosas, ya está tomando nota. Los diferenciales de crédito (CDS) de la cesta de emisores ligados a infraestructura tecnológica se han ido hasta los 192,1 puntos básicos, abriéndose muchísimo más que el conjunto del crédito corporativo de calidad (106,5 puntos). El inversor de renta fija ya exige más prima por financiar ciertos balances, y aunque por ahora el deterioro está concentrado en nombres concretos, habrá que vigilar que no se extienda.

Gráfico 11. Ampliación de los diferenciales de crédito (CDS) en emisores ligados a hiperescaladores (192,1 pb) frente a la calma del grado de inversión general (106,5 pb).
Recordar que un CDS es simplemente un seguro frente al impago: que se encarezca refleja que cubrir ese riesgo cuesta más hoy, no que la quiebra esté a la vuelta de la esquina. Eso sí, tampoco demos por sentado que tener a un gigante tecnológico como socio o cliente blinda automáticamente el balance: un contrato comercial, una participación minoritaria en el capital y avalar la deuda son compromisos muy diferentes.
A mí aquí es donde más me gusta poner la lupa al seleccionar compañías. Quiero saber qué caja libre queda después de invertir, cuánto capital adicional hace falta, cuándo vence la deuda y cuánto dependen sus ingresos de otros actores de la misma cadena. Porque si el proveedor financia a su cliente para que ese cliente le compre capacidad de cálculo, tarde o temprano tiene que aparecer la demanda real de un tercero dispuesto a pagar la factura.
Esto nos permite buscar oportunidades con las reglas muy claras. Una tecnológica con balance limpio y generación de caja de verdad puede recuperarse perfectamente tras una purga de mercado. Otra puede rebotar un par de días por cierres de cortos y seguir arrastrando el mismo problema para financiar su crecimiento. La calidad del negocio y el precio que pagamos vuelven a mandar, incluso dentro de la misma temática.
Los bonos vuelven a funcionar como paracaídas de las carteras
El movimiento de la deuda estadounidense esta semana encaja de lleno con ese aumento del miedo al crecimiento. El Treasury a 10 años llegó a tocar el 5,14% de rentabilidad el lunes y para el jueves ya había retrocedido al 4,97% (apoyándose sobre su media de 50 sesiones), tras una fuerte subida por precio de los bonos. Lo significativo es que aparecieron compradores de deuda incluso con la energía presionando al alza, señal clara de que el mercado estaba pesando más el riesgo de enfriamiento económico.

Gráfico 12. La rentabilidad del bono estadounidense a 10 años retrocede desde el 5,14% hasta la zona del 4,97% al 4,98% ante el temor a un menor crecimiento.
En la parte larga de la curva el movimiento ha sido todavía más brusco: la caída en dos semanas de la rentabilidad del bono a 30 años está entre las más intensas de los últimos años. En bastantes ocasiones del pasado, desplomes así de rápidos en rentabilidad han coincidido con limpiezas extremas en bolsa. Ahora bien, en esa misma estadística asoman 2008 y 2020, cuando detrás venía un problema mayor y las acciones siguieron cayendo. Nos avisa de que ha habido tensión de verdad, pero necesita confirmación en el precio antes de lanzarse a comprar.

Gráfico 13. La variación de dos semanas en la rentabilidad del Treasury a 30 años alcanza niveles propios de episodios históricos de tensión bursátil.
De cara al muy corto plazo, si se modera algo ese miedo al frenazo económico, no sería nada raro ver rebotar a la vez a la tecnología y a las rentabilidades de los bonos. Puede sonar extraño si nos quedamos solo con la idea de que los tipos altos castigan a las empresas de crecimiento, pero las correlaciones cambian según qué preocupación manda en cada momento. Cuando lo que asusta es el parón de actividad, quitar algo de miedo levanta las acciones y resta demanda de refugio a los bonos.
Si vemos ese rebote táctico, vigilaría una vuelta de la TIR del 10 años hacia el entorno del 5,15% al 5,20%, una zona interesante para estudiar entradas en renta fija a mejores precios. En cualquier caso, es solo un escenario táctico de corto plazo: para posiciones estructurales me sigue importando mucho más qué función cumple ese bono dentro de la cartera y cuánta duración queremos llevar.
Recordad siempre la cuenta básica de la sensibilidad a tipos: en un bono con duración modificada de siete años, si su rentabilidad baja medio punto porcentual (50 puntos básicos), el precio sube aproximadamente un +3,5% (antes de sumar el cupón), y si la rentabilidad sube ese mismo medio punto, el recorte en precio ronda esa misma magnitud. Y para quienes medimos el patrimonio en euros, toca meter siempre en la ecuación la exposición al dólar y lo que cuesta cubrir la divisa.
Europa atrapada entre las cuentas de Francia y el coste del gas
En Europa se nos juntan varios dolores de cabeza a la vez. El primero es fiscal y tiene epicentro en Francia (un recordatorio directo de que la irresponsabilidad fiscal acaba pasando factura). La prima que exige el mercado a la deuda francesa frente a la alemana (diferencial OAT-Bund a 10 años) ha escalado hasta los 145,5 puntos básicos, máximos que no veíamos desde los años duros de la crisis del euro. Compartir moneda elimina el riesgo de tipo de cambio, pero la solvencia de cada emisor sigue cotizando por separado.

Gráfico 14. El diferencial entre el bono francés y el alemán a 10 años escala hasta los 145,5 puntos básicos, máximos desde la crisis de deuda europea.
La mecánica aquí no tiene mucho misterio. A medida que vence deuda antigua emitida muy barata y toca refinanciarla a tipos más altos, la factura de intereses engorda sola. Si el crecimiento no acompaña y cuesta recortar el déficit, hay que emitir todavía más deuda, y esa presión acaba trasladándose a bancos, empresas y condiciones de crédito. Esto no hace inevitable una crisis, pero sí aconseja revisar cuánto riesgo francés sumamos en cartera entre soberanos, financieros y renta variable.
La energía complica todavía más el cuadro. Mientras el gas natural estadounidense (Henry Hub, en 2,64) sigue deprimido, el gas europeo (TTF, por encima de 30,6) vuelve a marcar una subida clara. Son mercados con cuellos de botella físicos y logísticos muy distintos: que sobre gas barato al otro lado del Atlántico no significa que la industria europea pueda enchufarse a él al mismo precio ni cuando lo necesita.

Gráfico 15. Divergencia energética transatlántica: el gas natural europeo (TTF, en 30,66) acelera al alza mientras el estadounidense (Henry Hub, en 2,64) sigue en mínimos.
Una factura energética más cara muerde por dos sitios: resta renta disponible a las familias y aprieta los márgenes empresariales, a la vez que impide que la inflación termine de relajarse. Para el BCE, eso supone tener mucho menos margen para aliviar tipos si la economía se frena. Y ahí vuelve a aparecer Francia, porque mantener condiciones monetarias restrictivas también encarece su financiación pública.
Los PMIs de octubre retratan muy bien estas diferencias internas. El PMI compuesto francés se quedó en 48,4 (en contracción, por debajo de la cota de 50), mientras que Alemania subió a 52,8 y el conjunto de la eurozona aguantó en 51,9. Europa sigue creciendo de forma moderada en agregado, pero con Francia descolgándose claramente del pelotón. Conviene no extrapolar la foto de un solo país a toda la región.
A la hora de invertir en bolsa europea, esto obliga a mirar dónde factura cada compañía, dónde fabrica y cómo tiene contratada su energía. Tener sede en Europa no equivale a depender solo del consumidor europeo, igual que un múltiplo aparentemente barato puede estar descontando ya un estrechamiento de márgenes que todavía no asoma en la cuenta de resultados.
Dólar, oro y energía después de las ventas
El oro tampoco se salvó de las caídas esta semana, pese a contar con un dólar más suave y con las tensiones geopolíticas de fondo. Es un movimiento muy típico de ventas para hacer caja y levantar liquidez cuando hay turbulencias en otras patas de la cartera (aunque solo con el gráfico nunca se puede demostrar el motivo exacto). Conviene no perder la perspectiva: el oro cumple muy bien su papel diversificador y de termómetro de desconfianza monetaria a medio plazo, pero por el camino puede sufrir correcciones serias.
Tras el recorte, el indicador diario de sentimiento (DSI) ha bajado hasta 20 en el oro y 16 en la plata (en una escala de 0 a 100). Son lecturas de ánimo bastante deprimido que suelen ayudar a formar un rebote cuando se agota la presión vendedora, aunque ya sabemos que el sentimiento puede quedarse en niveles bajos mientras el precio termina de limpiar.

Gráfico 16. El indicador diario de sentimiento (DSI) del oro retrocede hasta lectura de 20 puntos tras el ajuste semanal.
En el mercado de divisas vemos un posicionamiento muy escorado hacia un solo lado: las posiciones largas en el dólar rozan extremos históricos en el percentil 97, mientras que en el euro (en torno a 1,12) y en cruces como el dólar australiano o el neozelandés las posiciones especulativas están bajo mínimos respecto a su propia historia.

Gráfico 17. El posicionamiento especulativo neto en futuros del euro cae por debajo del percentil 10 de los últimos 28 años.
Ojo con la lectura de ese percentil 97 en el dólar: nos dice que solo en un 3% del histórico hemos visto tanta concentración alcista como hoy, no que exista un 97% de probabilidades de caída inmediata. Las posiciones muy abarrotadas pueden mantenerse durante bastante tiempo, eso sí, cuando llega un catalizador que obliga a girar, el movimiento de vuelta suele ser mucho más brusco.
En energía asoma otro contraste llamativo: el posicionamiento en el crudo WTI está hundido en el percentil 6, mientras que el de la gasolina marca el percentil 99. Son mercados distintos con dinámicas propias entre crudo, capacidad de refino y petroleras cotizadas, y que casi nadie esté largo de WTI en futuros no quita el riesgo de que la energía siga presionando a precios y márgenes.
Y me guardo una última señal de prudencia: el posicionamiento corto en volatilidad continúa muy alto. A pesar del susto en bolsa, sigue habiendo muchos inversores confiados en que la volatilidad se va a apagar rápido. Es un dato que tendré muy presente para calibrar el tamaño de cualquier compra y cuánto riesgo extra merece la pena asumir.
Hoja de ruta: qué necesito ver antes de aumentar exposición
Si ponemos niveles sobre la mesa, el Nasdaq 100 acumula un ajuste del -8,09% en trece sesiones. Si miramos el precedente de finales de 2025 (cuando el posicionamiento institucional en futuros también estaba tan exigente como ahora), encajaría vigilar un posible suelo en la zona de los 28.600 puntos para buscar después una vuelta hacia los 31.300, con un hueco pendiente de cerrar cerca de los 31.225 puntos. Son referencias muy útiles para encuadrar el escenario si aparece el giro, no objetivos garantizados ni excusa para comprar a ciegas.

Gráfico 18. El Nasdaq 100 corrige un -8,09% mientras el posicionamiento institucional en futuros permanece en niveles elevados.
Tener este mapa delante ayuda a preparar qué hacer en cada caso. Si vemos aparecer compras con amplitud (muchas compañías acompañando), la tecnología de calidad vuelve a tirar del carro y el crédito deja de abrirse, tendrá todo el sentido estudiar incorporaciones graduales. Entrar poco a poco puede dejarte sin capturar el primer tramo del rebote, pero a cambio te permite ir sumando conforme el mercado te da la razón. Todo dependerá del peso que ya tenga cada cartera y de su horizonte.
Por contra, si tenemos un rebote vertical que se desinfla rápido, con pocas acciones acompañando y las tensiones de financiación intactas, pediré bastante más confirmación. Ese guion encaja mucho más con un simple cierre de cortos (short squeeze), capaz de mover con fuerza los precios un par de días sin que haya mejorado nada por debajo.
Y si directamente ceden los mínimos recientes mientras se amplían los diferenciales de crédito y el daño se contagia a más sectores, la tesis del suelo cercano perderá toda su fuerza. En ese escenario tocará revisar riesgos y cuidar la liquidez, porque lo que hace el precio hoy manda mucho más que cualquier estadística histórica o estacionalidad.
La agenda de la semana nos va a dar unas cuantas pistas. El miércoles, la Fed tendrá que explicarnos cómo equilibra inflación y crecimiento. El jueves, el PIB y el PCE pondrán a prueba ese discurso con datos reales, justo antes de que el BCE tenga que lidiar con una eurozona que mezcla crecimiento tibio, gas más caro y presión fiscal en Francia. Os dejo los horarios clave:
Fecha | Hora | Publicación o evento |
|---|---|---|
Miércoles 28 | 19:00 | Decisión de tipos de la Fed |
Miércoles 28 | 19:30 | Rueda de prensa de la Fed |
Jueves 29 | 13:30 | PIB del tercer trimestre y renta y gasto personal con PCE de septiembre (EE. UU.) |
Jueves 29 | 14:15 | Decisión de tipos del BCE |
Jueves 29 | 14:45 | Rueda de prensa del BCE |
Horarios en España peninsular (ojo esta semana: tras nuestro cambio de hora, la diferencia con Nueva York pasa temporalmente a cinco horas).
En paralelo, la semana viene cargada de resultados empresariales que nos van a permitir contrastar muchas de las dudas que hemos ido viendo en este correo. El punto de mayor atención llegará el miércoles 28, después del cierre, con Microsoft y Alphabet, y continuará el jueves 29 con Amazon e Intel. Después del castigo que lleva la tecnología, estas cuentas pueden tener bastante influencia sobre ese posible rebote que estamos vigilando. Voy a fijarme especialmente en las previsiones de inversión (CapEx), la caja libre y los planes de financiación, porque ahí es donde podremos comprobar si el crecimiento está compensando el esfuerzo económico que exige toda esta infraestructura.
Microsoft, el foco estará en Azure, su negocio de nube, y en cuánto de la demanda de inteligencia artificial empieza a convertirse en ingresos rentables. Una aceleración del crecimiento ayudaría, pero habrá que ponerla al lado de lo que necesita invertir para atenderla. Si cada mejora de las previsiones de ventas viene acompañada de otra revisión todavía mayor del gasto en centros de datos, el mercado puede seguir preguntándose cuándo llegará el retorno. También me interesa lo que explique sobre la utilización de la capacidad que ya tiene instalada y sobre la adopción de sus herramientas de IA. Construir capacidad por adelantado puede tener sentido, siempre que después aparezcan clientes dispuestos a utilizarla y pagar por ella.
Alphabet tendremos una comprobación parecida con Google Cloud, junto a la evolución del buscador y la publicidad. Aquí conviven dos cuestiones que conviene separar. Por un lado, cuánto negocio nuevo consigue generar con la IA. Por otro, cómo cambia la rentabilidad de los servicios que ya ofrecía al incorporar respuestas que necesitan más capacidad de cálculo. Que una herramienta se utilice muchísimo es una buena señal comercial, pero el accionista necesita entender qué ingreso deja cada uso y cuánto cuesta atenderlo. Por eso escucharé con bastante atención las explicaciones sobre márgenes y gasto, además del crecimiento de la nube.
Amazon, el jueves después del cierre, añadirá otra pieza importante a este análisis. AWS nos dará información sobre la demanda de servicios de nube, mientras que el comercio electrónico y la publicidad permitirán tomar el pulso a otras partes de la economía. Me interesa comprobar si el crecimiento de AWS y su rentabilidad acompañan al despliegue de infraestructura. Y también cuánto efectivo consigue conservar el grupo después de invertir. Como os comentaba antes, beneficio contable y caja pueden llevar ritmos muy distintos durante una fase de expansión tan intensa. El mercado va a exigir cada vez más claridad sobre esa diferencia.
La información de los grandes hyperescaladores tendrá que encajar, además, con la de sus proveedores. El lunes, después del cierre, presentan Celestica y Cadence, y el calendario del martes incluye a SK Hynix y Seagate. Entre fabricación de equipos, diseño de chips, memorias y almacenamiento vamos a tener varias referencias sobre cómo se está transmitiendo el gasto tecnológico a lo largo de la cadena. Conviene mirar qué parte de la demanda se convierte en pedidos firmes, en qué plazos se entregará y con qué márgenes. Una cartera de pedidos elevada puede dar mucha visibilidad, pero su valor depende también de cuánto cuesta ejecutarla y de cuándo se cobra.
El miércoles, antes de la apertura, llegan Vertiv, GE Vernova y Amphenol, especialmente interesantes para seguir las necesidades de refrigeración, electricidad y conexiones que acompañan a los centros de datos. Después del cierre tendremos también a KLA, vinculada al control de los procesos de fabricación de semiconductores. En estas compañías buscaré continuidad en los pedidos y explicaciones sobre capacidad productiva, costes y plazos de entrega. Podemos encontrarnos con que algunos proveedores sigan teniendo una demanda muy sólida mientras sus clientes empiezan a sufrir más presión financiera. Esa diferencia ayudaría a entender por qué el mercado está separando tanto unas compañías de otras dentro de la misma temática.
En Intel, el jueves, prestaré atención a la evolución del negocio, a la ejecución de sus inversiones y a las necesidades de financiación. Su situación requiere un análisis propio y conviene evitar que todo quede reducido a si los semiconductores suben o bajan ese día. Precisamente esta semana puede servir para comprobar cuánto del movimiento reciente responde a una venta generalizada de tecnología y cuánto a diferencias reales entre balances, productos y capacidad de generar caja.
También tendremos resultados de ServiceNow y Fortinet el miércoles después del cierre. Me interesan porque permiten observar el gasto empresarial desde el lado del software y la ciberseguridad. Después del mejor comportamiento relativo que han mostrado algunas áreas del software, toca comprobar si las cuentas acompañan. Buscaré crecimiento de contratos, renovación de clientes y márgenes, junto a la contribución que puedan estar haciendo las nuevas herramientas de IA. La fortaleza de la cotización será más fácil de sostener si detrás aparece una mejora del negocio que permita justificarla.
Fuera de tecnología, el calendario nos va a dar bastante información sobre consumidores y empresas. El martes presentan Coca-Cola y UPS antes de la apertura, y Visa después del cierre. El miércoles llegará FedEx, también tras el cierre. En Coca-Cola me fijaré en cuánto del crecimiento procede de vender más unidades y cuánto de cobrar más por ellas. Una empresa puede aumentar su facturación mientras sus clientes compran menos, y esa diferencia importa para valorar la salud del consumo. Visa aportará información sobre pagos y gasto, mientras que UPS y FedEx ayudarán a seguir la actividad de los envíos, sus precios y la presión sobre los márgenes. Sus cuentas serán un complemento útil para los datos macro de la semana.
El jueves, Caterpillar y Carrier añadirán referencias sobre inversión empresarial, construcción y demanda de equipos. Después de los recortes que han sufrido algunas industriales, escucharé especialmente sus comentarios sobre nuevos pedidos y previsiones para los próximos trimestres. Una caída de la cotización puede empezar a ser interesante si el negocio aguanta mejor de lo que teme el mercado. Si los pedidos se deterioran y la empresa rebaja sus expectativas, habrá que rehacer los números antes de concluir que está barata. Ese mismo día, Starbucks, después del cierre, permitirá observar otra parte del consumo, con atención al número de visitas y al gasto por cliente.
La semana terminará con ExxonMobil, Chevron y BP el viernes antes de la apertura, útiles para comprobar cómo se está trasladando el precio de la energía a beneficios y generación de caja. Me fijaré en los costes, las inversiones previstas y cuánto margen queda para sostener dividendos o recompras. En salud, Eli Lilly presenta el jueves, mientras que AstraZeneca y Regeneron lo hacen el viernes. Después de la fortaleza que ha mostrado el sector, sus previsiones permitirán valorar cuánto respaldo tiene ese comportamiento en los beneficios esperados.
Y luego estará la reacción del mercado, que esta semana me parece especialmente relevante. Una compañía puede presentar buenas cifras y caer porque se esperaba todavía más, mientras otra puede recuperar terreno con unas cuentas discretas si el precio ya descontaba un escenario mucho peor. Me fijaré en lo que publican, en lo que esperan hacer a partir de ahora y en cómo responde la cotización. Si las empresas castigadas consiguen estabilizarse con previsiones razonables, caja suficiente y menor incertidumbre sobre su financiación, tendremos más argumentos para ese rebote táctico. Si incluso las cuentas sólidas reciben ventas y siguen aumentando las dudas sobre el gasto, tocará mantener la paciencia.

Calendario de resultados semanal
En definitiva, tras esta purga estoy más pendiente de cazar buenas oportunidades que de ponerme catastrofista, con el radar puesto en tecnología de calidad y en esos sectores fuera de los sospechosos habituales que ya están mostrando fuerza relativa. La combinación que espero ver es sencilla: compradores reales, amplitud y un crédito más tranquilo. Mientras aparece, revisar la concentración de las carteras y tener margen de liquidez preparado para actuar me parece el mejor plan.
Que tengáis una muy buena semana.
Julio Estella de la Rica
Gestor Patrimonial
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