Buenos días,
La sesión dejó un mercado con dos velocidades: la superficie (los índices casi no se movieron) y las entrañas (donde la dispersión entre valores individuales alcanzó el percentil 97 de los últimos 30 años). Es como cuando el mar parece tranquilo desde la orilla, pero los submarinistas saben que las corrientes de fondo son violentas. El S&P 500 cayó solo un 0,28%, pero 6 de cada 10 de sus componentes cerraron en rojo.
La primera: Blue Owl Capital ha suspendido permanentemente los reembolsos en su fondo de crédito privado para inversores minoristas. Después de que las solicitudes de retirada subieran un 20%, tuvo que vender 1.400 millones de dólares en activos de urgencia, arrastrando consigo a Blackstone (cayó un 6%), Ares (un 5%) y KKR (un 3%). Piénsalo como un garaje de aparcamiento que prometía tener dos salidas disponibles a cualquier hora pero que, cuando todos quisieron salir a la vez, resultó que solo había una salida y estaba atascada. Esto no es un accidente puntual, es una grieta estructural en cómo se ha vendido el crédito privado ilíquido al inversor de a pie (profundizare en la sección micro)
La segunda: hoy tenemos el dato más importante de la semana, el PCE de enero (el índice de precios favorito de la Reserva Federal), que se publica a las 14:30h. El consenso apunta al 3,0% interanual en el Core PCE. Un dato por encima de ese nivel y los bonos subirán en rentabilidad, el dólar se apreciará y la tecnología de alta valoración recibirá otro golpe. Por debajo, la narrativa del aterrizaje suave recupera fuerza. Prácticamente todo lo que ocurra hoy en mercado girará alrededor de ese número. El resto de lo que ves a continuación hay que leerlo con ese telón de fondo.
Qué pasó ayer
Índices y sesgo
El S&P 500 cerró en 6.861,89 (-0,28%), el Nasdaq Composite en 22.682,73 (-0,31%) y el Dow Jones en 49.395,16 (-0,54%). Hasta aquí, sesión tranquila. Pero el verdadero relato lo cuentan los extremos: el Russell 2000 terminó en positivo (+0,23%), mientras los Dow Transports se desplomaron un -1,58%, un indicador clásico de deterioro en las expectativas de demanda y actividad económica futura.

El sesgo YTD es inconfundible: Value > Growth, pequeñas > grandes, defensivos > cíclicos. La brecha Value/Growth acumula ya un 14% en lo que va de año.

Amplitud de mercado
Aquí está el punto ciego más importante del día: la amplitud fue débil en las grandes capitalizaciones a pesar de que los índices apenas cedieron.

Que el S&P 500 caiga solo un 0,28% pero que 6 de cada 10 de sus componentes cierren en rojo es la huella de un mercado sostenido por pocas manos. Cuando los pocos valores que tiran del índice flaqueen, el suelo real puede estar más lejos de lo que los titulares sugieren.
Sectores destacados

En el universo de factores, el momentum de mediana capitalización (+0,46%) y el low volatility de large cap (+0,16%) fueron los únicos bolsillos en verde. Todo lo demás, en rojo.

Volatilidad
El VIX cerró en 20,2, consolidándose por cuarta vez en cinco sesiones sobre el nivel psicológico de 20. Esto ya no es ruido: implica movimientos diarios esperados del +-1,27% en el S&P 500 para el próximo mes. El régimen de complacencia de finales de 2025 ha quedado atrás. Un factor técnico relevante: los fondos de control de volatilidad (vol control funds) generaron compras mecánicas de 11.000 millones de dólares en la sesión al rotar fuera del periodo de observación un dato de volatilidad elevado. Eso sostuvo el mercado. Pero son una espada de doble filo: si el S&P 500 mueve más de un 1% en cualquier dirección, esos mismos algoritmos venden. Son amortiguadores hasta que dejan de serlo.
Bonos y divisas
Curva de tipos USA
Los treasuries prácticamente no se movieron. El bono a 10 años cerró en 4,08% (sin cambio), el de 30 años en 4,70% (-1pb) y el de 5 años en 3,64% (-1pb). La curva mantiene su inclinación positiva leve, con el tramo corto anclado por las expectativas de tipos de la Fed.

Soporte técnico clave a vigilar: si el 10 años perfora el 4,00%, sería una señal de ralentización económica descontada por el mercado de bonos. Si rebota hacia el 4,30%, las valoraciones tecnológicas sufrirán una nueva presión. Hoy, con el PCE de enero en el calendario, esa cifra es el árbitro.
Dólar y divisas
El dólar (DXY 98,02, +0,15%) alcanzó su cierre más alto en dos semanas, superando su tendencia bajista anual pero resistiendo contra su media de 50 días. El concepto de 'excepcionalismo americano' sigue soportando al billete verde: los inversores extranjeros compraron un neto de 720.100 millones de dólares en acciones estadounidenses durante 2025 (+134% interanual). Noruega, Singapur y Corea del Sur lideran las compras, China sigue siendo vendedor neto por tercer año consecutivo. Esto actúa como un flotador estructural para el dólar.
Materias primas y cripto

El crudo (+2,44%) es la gran noticia del día. El contexto: los inventarios EIA cayeron 9,0 millones de barriles (la mayor caída desde septiembre) y los stocks están un 5% por debajo de la media de cinco años para esta época. A eso se añade la escalada retórica entre Washington y Teherán.
El oro supera los 5.000$ y el dinero institucional no se detiene: los datos de COMEX muestran acumulación masiva de calls para diciembre 2026. Más de 11.000 contratos en esos niveles. Puedes pensar que es especulación pura, o puedes entender que alguien grande ve un riesgo sistémico que no cotiza en los índices.
El cobre cediendo mientras el petróleo sube es una señal mixta: el crudo refleja geopolítica, el cobre refleja demanda industrial real. El mercado aún no descuenta una aceleración del ciclo global.
Geopolítica: Irán y las ventanas de oportunidad
El petróleo no sube solo porque los inventarios estén bajos. Sube porque los mercados están empezando a descontar algo que hace semanas era ruido de fondo y que esta semana ha pasado a primer plano: la posibilidad real de una acción militar contra Irán.
El diálogo que no avanza
La semana pasada se celebró en Omán una primera toma de contacto entre portavoces de exteriores de EE.UU. e Irán. Omán actúa como canal neutral, un papel que lleva décadas ejerciendo con discreción. Pero lo que ocurrió allí estuvo muy lejos de una negociación: no hubo reunión bilateral directa. El diplomático omaní se reunió por separado con cada delegación, trasladando mensajes de uno al otro como si de un partido de pimpón se tratara. Eso no es diplomacia, es tanteo. Y el resultado fue el esperado: ningún avance concreto, ninguna fecha para una segunda reunión, y una desconfianza mutua que se percibe incluso desde fuera.
El problema de fondo es que las posiciones de partida son incompatibles. Washington exige el desmantelamiento completo del programa nuclear iraní y la eliminación de su arsenal balístico, que es precisamente lo que permite a Teherán proyectar amenaza sobre Israel y sus aliados regionales. Desde la perspectiva iraní, aceptar esas condiciones equivaldría a desarmar las únicas capas de disuasión que les quedan. Sería como pedirle a alguien que entregue las llaves de su casa, el seguro del coche y el teléfono a cambio de una promesa verbal. No hay régimen en el mundo que firme eso.
Además, Teherán llega a esta mesa habiendo salido reforzado internamente. Las grandes protestas del mes pasado fueron sofocadas con contundencia, lo que ha dado al régimen una sensación de control que no tenía hace unas semanas. No están en posición de suplicar.
Washington presiona, pero Trump quiere tiempo
El miércoles 11, Netanyahu voló a Washington para reunirse con Trump durante dos horas. No hubo rueda de prensa posterior, algo atípico para este tipo de encuentros de alto perfil. Lo que sí se filtró es que Trump quiere dar una oportunidad al diálogo antes de mover ficha militarmente. Israel, por su parte, no descarta un acuerdo, pero pone tres condiciones innegociables: la entrega y destrucción de los más de 400 kilos de uranio altamente enriquecido que se cree que sobrevivieron a la campaña militar de junio del año pasado, la reanudación de las inspecciones regulares de la AIEA para verificar el uso civil de las instalaciones, y la eliminación del inventario de misiles balísticos y de crucero capaces de alcanzar suelo israelí.
Vale la pena recordar un dato que el mercado tiende a olvidar: el año pasado Israel atacó a Irán mientras negociaba con EE.UU. El diálogo abierto no excluye la acción militar. Son carriles paralelos, no alternativos.
El despliegue militar habla por sí solo
Esta semana el Pentágono ordenó al USS Gerald Ford desplazarse desde el Caribe hacia Oriente Medio. Se unirá al portaaviones Abraham Lincoln, ya posicionado en el Golfo Pérsico, bajo mando del CENTCOM. A velocidad de crucero (25 nudos) tardaría entre 7 y 9 días en llegar a la zona. En paralelo, en las últimas semanas se han registrado cientos de vuelos de carga pesada entre EE.UU. y Oriente Medio transportando baterías antiaéreas y misiles interceptores para reforzar bases propias y las de aliados como Israel, Jordania, Arabia Saudí y Catar. También se han desplegado decenas de aviones cisterna KC-135, imprescindibles para sostener una campaña aérea prolongada, en bases como Diego García en el Índico. Y se han reforzado los efectivos de cazabombarderos, incluyendo F-35 y F-18. Los británicos han sumado capacidad aérea adicional en Chipre.
Traducido al lenguaje de los mercados: la infraestructura para una acción militar está prácticamente lista. Lo que falta es la decisión política.
La ventana de oportunidad: el calendario manda
Hay dos datos del calendario que el mercado no está poniendo en precio correctamente. El primero: los ataques en la región tienen tendencia histórica a ejecutarse la madrugada del viernes al sábado, o del sábado al domingo, precisamente para minimizar el impacto inmediato en los mercados financieros. El segundo: el Ramadán comenzó el 17 de febrero y se extiende hasta el 19 de marzo. Atacar durante el mes sagrado del Islam no es imposible, pero tiene un coste reputacional enorme para EE.UU. e Israel en el mundo árabe que ninguno de los dos quiere asumir innecesariamente.
Con esto sobre la mesa, la ventana temporal más probable para una acción militar apunta al periodo comprendido entre mediados de marzo y mediados de abril. No es el único escenario posible, y desde hoy mismo podría darse cualquier cosa, pero es la horquilla donde se concentra la mayor probabilidad. La última vez que hubo dos portaaviones estadounidenses desplegados simultáneamente en Oriente Medio fue en junio del año pasado. Lo que ocurrió después ya lo conocemos.
Para las carteras, esto no es anecdótico. Una acción militar sobre Irán en ese marco temporal implicaría un shock inmediato en el precio del crudo (con el Estrecho de Ormuz como epicentro), una huida hacia activos refugio (oro, dólar, treasuries cortos) y presión adicional sobre los activos de riesgo. No hace falta estar posicionado para el escenario de guerra, pero sí conviene tenerlo en el mapa de riesgos con más peso del que le asigna el consenso hoy.
Macro y bancos centrales

La combinación Philly Fed al alza + precios pagados a la baja es el 'santo grial' para un banco central: la economía crece sin que la inflación se dispare. Pero no nos adelantemos: las solicitudes de desempleo en 206K (cuando el mercado esperaba 225K) dan a la Fed todas las razones para no moverse. El mercado laboral sigue siendo la piedra angular de la política monetaria restrictiva.
Debajo de ese dato de empleo hay una historia diferente: la 'recesión de cuello blanco'. Las vacantes en Finanzas y Seguros están en su nivel más bajo en 14 años (2%), y en Servicios de Información en mínimos de ciclo (3%). La IA está haciendo exactamente lo que hacen los robots en una fábrica: la producción total puede mejorar, pero los puestos que antes ocupaban personas ya no se necesitan.
Hoy es el día más importante de la semana macro: se publica el PCE de enero. El consenso apunta al 3,0% interanual en el Core PCE. Si el dato sale por encima, los bonos subirán en TIR, el dólar se apreciará y la tecnología de alta valoración recibirá otro golpe. Si sale en línea o por debajo, la narrativa Goldilocks vuelve a tomar fuerza.
Resultados y micro
Walmart (caída pese a buenos resultados). Batió en beneficios y ventas comparables, pero su guía para el año completo fue deliberadamente cautelosa por la incertidumbre arancelaria y la presión en costes laborales. Es como un restaurante que llena mesas pero advierte que los proveedores van a subir el precio de los ingredientes. El e-commerce creció un 20% y el asistente de compras con IA ya influye en una parte relevante de las transacciones, aunque el mercado no perdonó la falta de visibilidad hacia adelante.
Blue Owl Capital (bajada del 10%, el caso del día). Blue Owl es una gestora alternativa estadounidense especializada en préstamos directos a empresas privadas: en lugar de comprar acciones en bolsa o bonos de grandes corporaciones, presta dinero directamente a compañías medianas que no acceden fácilmente a los mercados tradicionales. Es un negocio que ha crecido enormemente en los últimos años porque ofrece rentabilidades más altas que la renta fija convencional, aunque a cambio los activos son mucho menos líquidos. Pues bien, la firma ha suspendido permanentemente los reembolsos en su fondo de crédito privado para inversores minoristas (OBDC II). Con solicitudes de retirada disparadas un 20%, tuvo que vender 1.400 millones en activos de urgencia. El contagio fue inmediato: Ares cayó un 5%, Blackstone un 6% y KKR un 3%. La analogía que aplica aquí es la de un fondo de inversión inmobiliaria que promete liquidez semanal pero cuyos activos son edificios que no se pueden vender de un día para otro. Cuando todos quieren salir a la vez, la promesa de liquidez se convierte en papel mojado. Veremos más episodios de este tipo.
Deere and Co (subida del 13%, la sorpresa positiva). Publicó un BPA de 2,42 dólares frente a los 2,05 esperados y mejoró su guía anual anticipando una recuperación en el sector agrícola. Como cuando el campo empieza a recuperarse tras años de sequía y los agricultores vuelven a comprar maquinaria, Deere capta ese rebote antes que nadie. Fue el mejor resultado del día con diferencia.
Omnicom (subida del 15,4%, lidera el S&P 500). El catalizador fue un programa de recompra de acciones de 5.000 millones de dólares. Las recompras funcionan como cuando una empresa compra sus propias acciones en el mercado para sostener el precio: reducen el número de acciones en circulación y hacen que los beneficios por acción suban automáticamente, aunque los beneficios totales no cambien. Siguen siendo el soporte de mercado más mecánico y predecible que existe.
Amazon (hito histórico). Ha desbancado a Walmart como la mayor empresa del mundo por ingresos. Es un cambio de guardia que refleja algo más profundo que una cifra contable: el centro de gravedad del consumo global se ha desplazado del supermercado físico al servidor en la nube.
Lectura técnica

El Russell 2000 es el único índice con estructura técnica sana: por encima de sus medias de 20 y 50 días, dentro de su canal alcista y con RSI sobre 50. El capital está rotando hacia aquí en busca de valoraciones razonables y menor exposición global.
El Nasdaq tiene el peor aspecto del conjunto: opera por debajo de sus medias de 20, 50 y 100 días, y ha roto su línea de tendencia alcista. El RSI cerca de 40 indica debilidad profunda. El evento binario de la semana que viene son los resultados de Nvidia: si decepciona, el test de la media de 200 días deja de ser un escenario remoto.
¿Qué nivel vigilar en el S&P 500? La media de 50 días actúa como resistencia. Si no la supera con volumen convincente en los próximos días, la siguiente referencia a la baja es la media de 100 días. La pérdida de los mínimos recientes sería la señal que activaría ventas adicionales por parte de los algoritmos de control de volatilidad mencionados anteriormente.
En tiempos de niebla densa, los conductores experimentados no aceleran. Mantienen el rumbo, encienden las luces de posición y comprueban que los frenos funcionan. Hoy, el dato clave es el PCE a las 14:30. Ese número define si seguimos en Goldilocks o empezamos a reescribir el guion.
Que tengáis un buen fin de semana.
Julio Estella de la Rica
Gestor Patrimonial
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