Buenos días.

Hoy es el último día de Jerome Powell al frente de la Reserva Federal. Un dato que, en cualquier otro momento, habría monopolizado la jornada. Pero ayer el mercado tenía la cabeza en otra parte: la bolsa cerró en máximos históricos, el DJIA superó los 50.000 puntos por primera vez en su historia, y una empresa llamada Cerebras Systems debutó en el Nasdaq con una subida del +68%. La IA sigue siendo la narrativa dominante. Y mientras, los bonos siguen avisando que los tipos no van a bajar.

Hoy publican Producción Industrial y el Empire State Manufacturing. Aunque lo que de verdad moverá conversaciones esta mañana es quién sucede a Powell y cómo lo digiere el mercado de bonos. Buen viernes por delante.

Qué pasó ayer

El S&P 500 cerró en los 7.501,24 puntos (+0,77%), el Dow en 50.063,46 (+0,75%), cruzando por primera vez en su historia la barrera psicológica de los 50.000. El Nasdaq Composite lideró con un +0,88% hasta los 26.635,22. El Russell 2000 acompañó con un +0,67% hasta los 2.863,09, aunque sigue mostrando debilidad técnica relativa frente a sus homólogos de gran capitalización. El sector líder del día fue la tecnología, que raro, con un +1,85%.

Lo que llama más la atención, sin embargo, no es el cierre en positivo. Es el dato de amplitud: la divergencia entre el S&P 500 ponderado por capitalización y el equiponderado (SPXEW) alcanzó su nivel más alto desde 1990. Treinta y seis años. Lo que eso significa en términos prácticos es que un puñado de valores tecnológicos muy grandes están arrastrando al índice hacia arriba mientras el resto del mercado acompaña con mucho menos entusiasmo. El rally existe, pero tiene patas muy cortas. Si el sentimiento hacia ese puñado de nombres cambia, el mercado tiene poco colchón debajo.

A esto se suma el entorno de gamma positiva: los creadores de mercado están vendiendo futuros del S&P a medida que el índice sube para cuadrar sus posiciones, lo que comprime mecánicamente la amplitud. No es una señal de alarma en sí misma, pero contribuye a explicar por qué el índice sube con tan poca participación.

Bonos y divisas

El bono americano a 10 años cerró en el 4,49%, su nivel más alto desde julio. El 2 años superó el 4% por primera vez desde junio, cerrando en el 4,02%. El 30 años aguanta en el 5,03%. La curva sigue empinándose.

Y lo importante no es solo el nivel: el mercado ya no descuenta recortes de tipos, sino que empieza a descontar subidas. Según el FedWatch de CME, la probabilidad de una subida en junio se sitúa en el 64%, y la de dos subidas para finales de año en el 30%. Hace tres meses, nadie ponía estos números sobre la mesa.

El dólar (DXY) rompió ayer su tendencia bajista iniciada en marzo, superando su MA200 y apuntando hacia la MA50. Eso penaliza al EUR/USD, algo lógico teniendo en cuenta que la eurozona creció apenas un +0,1% trimestral. Diferenciales de crecimiento y de tipos apuntan en la misma dirección: dólar más fuerte.

Que la renta variable esté en máximos mientras los bonos avisan de más subidas de tipos es una tensión que no puede mantenerse indefinidamente. O los bonos se equivocan, o la valoración de la renta variable tiene un problema. Por ahora el mercado apuesta por lo primero. Veremos quién tiene razón.

Materias primas y cripto

El WTI se mantiene cerca de los 97 dólares por barril. El Estrecho de Hormuz sigue técnicamente cerrado a gran parte del tráfico comercial, aunque hay un goteo de buques transitando bajo protocolos iraníes que ha evitado que el crudo se dispare hacia los 110 dólares. La cumbre Trump-Xi de ayer incluyó el compromiso de China de mediar con Irán para reabrir la vía, lo que, si se materializa en los próximos días, podría provocar un retroceso significativo en el precio del crudo. Y con él, algo de alivio inflacionario no menor.

El oro opera lateral por sexta sesión consecutiva en los 2.318 dólares. Con los tipos reales en los niveles actuales y el dólar fortaleciéndose, el oro no tiene mucho margen para subir. Cuando el bono compite bien en rentabilidad real, el oro pierde parte de su atractivo como refugio. El oro nos avisará cuando el mercado empiece a perder la fe en los bancos centrales. De momento, ese miedo está contenido.

El cobre retrocede levemente tras un rally del +14,5% en mayo, pero técnicamente ha salido de su canal de seis años. Si mantiene el nivel, es una señal de que el mercado cree en el ciclo de electrificación e IA a largo plazo.

Bitcoin avanzó más de un +2% hasta los 72.974 dólares, impulsado por el avance legislativo en el Senado para regular los activos digitales. El RSI ronda el 60, consolidando tras el avance reciente. La institucionalización del cripto sigue su curso.

Macro y bancos centrales

Las ventas minoristas subyacentes de abril crecieron un +0,5% mensual, ligeramente por encima del consenso. El grupo de control (el dato que se usa directamente para calcular el consumo en el PIB) creció un +5,7% interanual. El consumidor americano, a pesar del petróleo caro y de dos meses de guerra en Hormuz, sigue gastando.

El modelo GDPNow de la Fed de Atlanta elevó su estimación del PIB del segundo trimestre al +3,99%. Goldman Sachs lo sitúa en el +1,9%. Una brecha enorme entre los dos modelos. Probablemente la realidad esté en algún punto intermedio, pero la dirección es clara: la economía no está frenando de forma preocupante.

El problema está en la inflación de importaciones. Los precios de importación de abril subieron un +1,9% mensual, el mayor incremento desde marzo de 2022. Y el dato que más preocupa: los periféricos y partes de computadoras subieron un +9,6% mensual y un +27,6% interanual. La demanda de hardware de IA es tan insaciable que está generando cuellos de botella globales.

Las solicitudes de desempleo de la semana del 9 de mayo llegaron a 211.000 (vs 205.000 esperado). Las continuas subieron a 1,782 millones, el mayor incremento desde mediados de febrero. No son datos alarmantes, pero muestran una ligera moderación en la velocidad de recontratación.

Para hoy: Producción Industrial de abril (esperado +0,4%) y Empire State Manufacturing (esperado +7,5 tras el +11,0 de marzo). Y lo más relevante simbólicamente: hoy es el último día de Jerome Powell como presidente de la Reserva Federal. No se esperan cambios inmediatos en política monetaria, pero la incertidumbre sobre el sucesor y el rumbo del FOMC podría mover el mercado de bonos. Muy atentos.

Resultados y micro

La protagonista del día fue Cisco (CSCO), que subió un +13,41% tras presentar resultados del tercer trimestre y elevar su previsión de pedidos de infraestructura de IA para el año fiscal 2026 a 4.000 millones de dólares. Eso no es una proyección de analista. Son pedidos reales en cartera. El ciclo de inversión en centros de datos no está desacelerando.

Nvidia (NVDA) sumó un +4,39% hasta los 235,74 dólares, encadenando su séptima sesión consecutiva al alza con una revalorización acumulada del +20% en ese periodo. El catalizador fue la noticia de que la administración Trump ha autorizado la venta del chip H200 a un grupo de diez empresas tecnológicas chinas. Tiene coherencia con el tono de la cumbre de ayer con Xi.

Y luego está Cerebras (CBRS). La compañía fabrica los procesadores de IA más grandes del mundo: su chip WSE-3 tiene 4 billones de transistores y 900.000 núcleos optimizados para IA. Debutó en el Nasdaq fijando el precio de su OPV en 185 dólares por acción (muy por encima del rango inicial de 115-125 dólares), abrió a 350 dólares y cerró en 311,07 dólares, una subida del +68,15% en el primer día. Capitalización de mercado: aproximadamente 69.000 millones de dólares. Múltiplo precio/ventas: 140 veces. Pérdida operativa en 2025: 146 millones de dólares.

¿Es esto una burbuja? Tiene todos los ingredientes. Pero también tiene un contrato maestro con OpenAI valorado en hasta 20.000 millones de dólares y una alianza con AWS. El mercado está apostando a que su ventaja arquitectónica se traduce en cuota de mercado real frente a Nvidia. Puede ser. O puede que en 18 meses miremos este debut como el pico de la fiebre. Está por verse.

Applied Materials (AMAT) subió un +4,1% en after-hours tras proyectar ingresos de 8.950 millones de dólares para su tercer trimestre fiscal, impulsados por la demanda de memoria y procesamiento de IA. Ford (F) sumó otro +7% sobre el +13% del día anterior, con analistas de Morgan Stanley y Barclays poniendo en valor el negocio de almacenamiento de energía de la compañía, con potencial de 300-500 millones de dólares en EBIT para finales de año.

En el lado negativo: Doximity (DXMT) cayó un -23% tras una guía decepcionante, Biogen (BIIB) un -5% por resultados mixtos en su fármaco para el Alzheimer, y Jack in the Box (JACK) un -12% por beneficios por debajo de estimaciones.

Lectura técnica

Los índices están en máximos históricos. Pero debajo de la superficie la imagen es más compleja. La divergencia cap-weighted vs. equiponderado en máximo de 36 años es el dato técnico más relevante de la sesión: el rally lo sostienen muy pocos nombres, y eso es, por definición, un rally frágil. Si uno o dos de los grandes tropiezan, el índice no tiene profundidad para amortiguar el golpe.

El DXY superó ayer su MA200, primera señal técnica relevante en el dólar en meses. Si confirma con el cierre semanal de hoy por encima, podría tener recorrido hacia la MA50.

Un detalle que no quiero pasar por alto: el SOX de semiconductores subió solo un +0,40% ayer, bastante por debajo del Nasdaq (+0,88%), precisamente el día en que una empresa de chips debuta con una subida del 68%. Puede decir algo sobre el SOX o puede decir algo sobre Cerebras. Quizás las dos cosas.

 

Visión

El Dow por encima de los 50.000 el mismo día en que la Fed nos despide a Powell. Simbólico. Pero los mercados no se mueven por simbolismo.

El escenario central sigue siendo el que teníamos: la IA como motor más potente, el consumidor americano aguantando, y la cumbre Trump-Xi reduciendo la probabilidad de nuevas guerras comerciales en el corto plazo. Eso sostiene la renta variable.

El riesgo está en los tipos. El bono a 2 años en el 4,02% y el FedWatch descontando una subida en junio al 64% no son datos que un mercado en máximos históricos pueda ignorar indefinidamente. Si el sucesor de Powell resulta ser más hawkish de lo esperado, o si los datos del PCE de mayo siguen sorprendiendo al alza, el mercado tendrá que recalibrar sus múltiplos. Y con la amplitud tan estrecha como está, eso puede ocurrir más rápido de lo que parece.

De momento, escalamos el muro de la preocupación. Que tengáis un buen fin de semana.

Bolsa arriba, bonos abajo: qué está pasando en las carteras

Cuando dos partes de la misma cartera cuentan historias distintas, la clave es saber escuchar a cada una.

Desde que estalló el conflicto en Irán, muchos inversores están viendo algo que, a primera vista, no tiene mucho sentido.

La bolsa ha recuperado prácticamente todo lo que cayó al inicio de la guerra. Los mercados vuelven a moverse cerca de máximos. Y, sin embargo, la parte de bonos de muchas carteras todavía acumula rentabilidades negativas en lo que llevamos de año.

Dos activos. Dos comportamientos opuestos. La misma cartera.

La explicación no es que uno tenga razón y el otro esté equivocado. Es que cada uno está mirando a un sitio diferente.

La bolsa mira los beneficios. Los bonos miran la inflación.

La renta variable y la renta fija no reaccionan a las mismas cosas. Son instrumentos distintos, que responden a fuerzas distintas.

La bolsa, en esencia, refleja las expectativas sobre los beneficios de las empresas. Si las compañías siguen ganando dinero (o mejor aún, si ganan más de lo esperado), la bolsa tiende a subir aunque el entorno geopolítico sea complicado. Eso es exactamente lo que ha ocurrido: la temporada de resultados empresariales, especialmente en Estados Unidos, ha sido muy positiva. El consumo ha aguantado. Y la bolsa ha mirado más allá del ruido de la guerra.

Los bonos, en cambio, son mucho más sensibles a otro tipo de variable: la inflación, los déficits y los tipos de interés.

Un momento: ¿qué es exactamente un bono?

Vale la pena hacer una pausa aquí, porque esta es la pieza clave para entender todo lo que viene.

Un bono es un préstamo. Cuando un Estado o una empresa emite un bono, te pide dinero prestado. A cambio, se compromete a pagarte un interés periódico (el cupón) y a devolverte el dinero al final del plazo acordado.

Imagina que compras un bono que te paga un 3% anual durante cinco años. Ese 3% te parecía atractivo cuando lo compraste. Pero si de repente la inflación sube y el mercado empieza a esperar que los tipos de interés suban al 4% o al 5%, ese bono tuyo al 3% deja de parecer tan interesante. ¿Por qué conformarse con un 3% cuando hay bonos nuevos que pagan un 4%?

La consecuencia es directa: el precio de tu bono baja. No porque el emisor vaya a dejar de pagarte (eso sigue igual), sino porque el mercado lo compara con las nuevas condiciones y lo valora menos.

Eso, simplificando, es lo que ha ocurrido desde que comenzó la guerra en Irán.

Por qué el conflicto ha golpeado a los bonos

El conflicto ha presionado el precio del petróleo y los costes energéticos. Más inflación energética significa más presión sobre los precios en general. Y más inflación significa que los bancos centrales tienen menos margen para bajar tipos, o incluso que pueden verse obligados a subirlos.

El Banco Central Europeo, cuyo único mandato es controlar la inflación, ha sido especialmente claro al respecto. En este contexto, el mercado ha empezado a anticipar que los tipos van a permanecer más altos durante más tiempo del que se esperaba antes de la guerra. Actualmente, el mercado descuenta hasta tres subidas de tipos del BCE a lo largo de 2026.

Ese reajuste de expectativas, no la quiebra de ningún emisor, no ningún problema crediticio (los diferenciales de crédito están prácticamente en mínimos y los resultados corporativos son buenos) es lo que ha provocado la caída en el precio de los bonos. Las carteras de renta fija han sufrido porque el mercado ha actualizado el valor de los bonos a ese nuevo escenario de tipos más altos.

Lo que el mercado ya tiene descontado

Aquí entra un concepto que cambia por completo la forma de leer la situación: los tipos forward o tipos futuros.

Cuando el mercado fija el precio de un bono hoy, no está mirando solo el tipo de interés actual. Está incorporando en ese precio una previsión de hacia dónde van los tipos en el futuro.

Una forma de entenderlo: imagina que reservas un vuelo para dentro de seis meses. El precio que pagas hoy no refleja lo que cuesta ese vuelo ahora mismo, sino lo que el mercado espera que cueste en el momento del viaje. Si luego el precio sube menos de lo esperado, habrás pagado de más. Si sube más, habrás salido ganando.

Con los bonos funciona igual. El precio actual ya incorpora una senda esperada de subidas en los tipos. Y lo que importa no es si los tipos van a subir o bajar en términos absolutos, eso más o menos ya se sabe , sino si van a hacerlo más o menos de lo que el mercado ya tiene en los precios.

Dicho sin rodeos:

Si los tipos evolucionan como el mercado espera, no debería haber pérdidas adicionales.

Si suben menos de lo esperado, los bonos podrían recuperar valor.

Si suben más de lo esperado, habría un nuevo impacto negativo.

Las tres subidas del BCE que el mercado descuenta para 2026 ya están incorporadas en el precio actual de los bonos. El grueso del ajuste ya se ha producido.

Los bonos valen menos hoy. Pero ofrecen más hacia delante.

Esta es la idea que más nos importa transmitir, y que con frecuencia se pierde en el ruido del corto plazo.

Cuando el precio de un bono cae, lo primero que vemos es la pérdida en la cartera. Es real, y es lógico que genere incomodidad. Pero hay otra cara de esa misma moneda: cuando el precio de un bono baja, su rentabilidad esperada, la TIR, tasa interna de rentabilidad, sube.

Un ejemplo concreto. Si compraste un bono por 100 euros que paga 3 euros al año, tu rentabilidad es del 3%. Pero si ese bono cae a 90 euros y puedes comprarlo ahora, esos mismos 3 euros representan una rentabilidad del 3,3%. Y si al vencimiento te devuelven los 100 euros originales, habrás ganado también por la diferencia de precio de entrada.

Eso es lo que ha pasado en las carteras de renta fija estos meses. Los bonos valen menos hoy en precio, pero ofrecen más rentabilidad desde aquí.

No es un consuelo. Es la mecánica básica de cómo funciona la renta fija: precio y rentabilidad se mueven en sentidos contrarios.

¿Qué significa esto para tu cartera?

La caída que has visto en la parte de renta fija tiene una causa identificable: el reajuste de expectativas de inflación y tipos. No un deterioro en la calidad de los activos. Los emisores siguen siendo solventes. Los bonos siguen pagando sus cupones. Lo que ha cambiado es el precio al que el mercado los valora hoy.

Y desde esos nuevos niveles, la rentabilidad esperada hacia delante es más alta que hace dos meses. Si el escenario que el mercado ya descuenta se cumple, la cartera no necesita que los tipos vuelvan a donde estaban para empezar a recuperar. La recuperación vendría del paso del tiempo, del cobro de cupones y de una TIR de partida más elevada.

En renta fija, el tiempo y la paciencia juegan a tu favor, siempre que el punto de partida sea sólido. Y hoy, ese punto de partida es mejor que hace dos meses.

Lo que los mercados nos están diciendo, en conjunto

Bolsa arriba, bonos abajo. Dos lecturas distintas de una misma realidad.

La bolsa dice que los beneficios empresariales resisten y que la economía sigue funcionando. Los bonos dicen que la inflación va a ser más persistente de lo que se pensaba y que los tipos van a permanecer elevados durante más tiempo.

Las dos pueden tener razón al mismo tiempo, porque están mirando cosas distintas.

Lo que debemos evitar es sacar conclusiones precipitadas en uno u otro sentido. Ni la bolsa cerca de máximos significa que todo está perfectamente, ni los bonos en negativo significa que la renta fija ha dejado de funcionar.

Significa que estamos en un momento de transición. Y en los momentos de transición, entender qué está pasando y por qué vale más que cualquier predicción sobre lo que va a pasar.

Julio Estella de la Rica

Gestor Patrimonial

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