ALFA BETA | ACTUALIZACIÓN DE FONDOS · TERCER TRIMESTRE DE 2026

Imagina que tienes delante dos empresas.

La primera está de moda. Todo el mundo habla de ella, sus acciones suben y los inversores parecen dispuestos a pagar casi cualquier precio por participar en su futuro.

La segunda fabrica cerraduras.

Sus ventas llevan tiempo sin despegar, ha tenido problemas informáticos y sus últimos resultados han decepcionado. Apenas aparece en las conversaciones sobre las grandes revoluciones tecnológicas.

¿Cuál comprarías?

La respuesta parece evidente hasta que introduces una variable que puede cambiarlo todo: el precio que estás pagando.

Porque una empresa extraordinaria puede convertirse en una inversión mediocre si compras demasiado caro. Y un negocio que atraviesa dificultades puede ofrecer una oportunidad interesante si el mercado está exagerando sus problemas.

Ahí empieza la historia del MFS Meridian Contrarian Value.

Durante el tercer trimestre de 2026, sus gestores han incorporado cuatro compañías que difícilmente protagonizarían una conversación sobre el futuro de la inteligencia artificial: Allegion, Otis, DSV y Reckitt.

Cerraduras. Ascensores. Transporte de mercancías. Productos de salud e higiene.

Cuatro negocios diferentes, unidos por una misma pregunta:

¿Y si el mercado estuviera confundiendo un mal momento con un mal negocio?

La respuesta no es tan sencilla como parece.

Porque comprar una empresa que ha caído mucho no significa comprar barato. A veces, el precio está anticipando problemas que todavía no aparecen completamente en los resultados.

La clave está en distinguir las heridas que cicatrizan de las que dejan secuelas permanentes.

Y eso es precisamente lo que intentan hacer Anne Christine Farstad y Zahid Kassam, responsables de la estrategia con el apoyo del equipo de análisis de MFS.

Pero antes de entrar en sus nuevas apuestas, merece la pena comprobar si esta forma de invertir está dando resultados.

Un fondo que gana a largo plazo, pero que también pone a prueba la paciencia

Hay una sensación que cualquier inversor conoce.

Abres la aplicación, miras tu cartera y descubres que tu fondo ha subido.

Buena noticia.

Después consultas el índice con el que lo comparas y compruebas que ha subido todavía más.

De repente, la satisfacción desaparece.

No has perdido dinero. Pero tienes la incómoda sensación de haberte equivocado.

El MFS Contrarian Value ofrece un buen ejemplo de por qué conviene mirar algo más que el último resultado.

Rentabilidades del fondo frente al MSCI World Value (Clase I1 USD, hasta el 30 de septiembre de 2026)

Fuente: MFS, informe trimestral. Las rentabilidades históricas no garantizan resultados futuros.

Durante el tercer trimestre, el fondo ganó un 4,16%, frente al 3,84% del índice. Una ventaja de 0,32 puntos porcentuales.

En los nueve primeros meses del año, también salió por delante: 15,44% frente a 14,74%.

Sin embargo, durante los últimos doce meses quedó ligeramente rezagado.

Y aquí aparece algo interesante.

Si solo mirásemos los últimos tres o cinco años, podríamos concluir que la estrategia ha sido claramente superior. Si escogiésemos únicamente los últimos doce meses, la historia sería distinta.

Ambas afirmaciones serían ciertas.

Pero ninguna contaría la historia completa.

El año en que parecía que todo iba mal

En 2024, el fondo ganó un 4,39%.

Nada terrible, hasta que miramos lo que hizo su índice: un 11,47%.

Una diferencia negativa de aproximadamente 7,1 puntos.

Imagina terminar el año con una rentabilidad positiva y, aun así, preguntarte si deberías cambiar de gestor.

Ahora avancemos doce meses.

En 2025, el fondo ganó un 35,37%, mientras su referencia avanzó un 20,79%.

La diferencia fue de 14,58 puntos a favor del fondo.

Dos años, dos historias completamente diferentes

Rentabilidades de años naturales completos, en porcentaje.

Gráfico 2. Años naturales completos, clase I1 USD. Fuente: MFS, informe trimestral. Elaboración propia. Las diferencias de cada año no anticipan las de los siguientes.

Quien abandonó la estrategia después de 2024 pudo perderse la recuperación de 2025.

Pero cuidado: eso no significa que siempre sea correcto aguantar.

La paciencia solo tiene valor cuando la tesis de inversión sigue siendo válida.

Esperar por convicción no es lo mismo que esperar porque nos cuesta reconocer un error.

Y esa diferencia es el corazón de la estrategia.

El arte de comprar empresas cuando nadie las quiere

Imagina una tienda que normalmente gana 10 euros por cada producto vendido.

Un día empieza a atravesar dificultades. Sus beneficios caen a 6.

Los compradores se asustan. El precio del negocio baja.

Ahora aparecen dos posibilidades.

En la primera, los problemas son temporales. La empresa puede recuperarse y volver a ganar 9.

En la segunda, el mercado ha cambiado para siempre y el negocio solo podrá ganar 5.

Desde fuera, las dos empresas pueden parecer igual de baratas.

Pero solo una podría estar ofreciendo una oportunidad.

Esto es lo que intenta descubrir un inversor contrarian: alguien dispuesto a comprar cuando existe desconfianza, siempre que el valor del negocio justifique el riesgo.

No se trata de llevar la contraria por deporte.

Se trata de encontrar diferencias entre lo que una empresa vale y lo que los demás están dispuestos a pagar por ella.

Y hay una condición indispensable: sobrevivir hasta que llegue la recuperación.

Una empresa muy endeudada puede quedarse sin tiempo. Quizá tenga que vender activos, dejar de invertir o pedir más dinero a sus accionistas justo cuando su cotización está deprimida.

Por eso los gestores no se fijan únicamente en los beneficios futuros.

También buscan posiciones competitivas defendibles, capacidad para generar dinero y balances que permitan atravesar periodos difíciles.

Con esa filosofía han realizado cuatro nuevas compras que, juntas, representan el 10,4% de la cartera al cierre del trimestre.

Las cuatro nuevas posiciones

Gráfico 3. Pesos al 30 de septiembre de 2026. Las cuatro nuevas posiciones suman un 10,4%, calculado con los pesos publicados y redondeados. Son pesos al cierre, no importes comprados ni contribuciones a la rentabilidad. Fuente: MFS. Elaboración propia.

Vamos con ellas.

Allegion: la empresa que protege puertas mientras el mercado mira hacia otro lado

Fuente: allegion.ca

Piensa en la última vez que entraste en un hospital, un colegio o un edificio de oficinas.

Seguramente no prestaste atención a la cerradura.

Y eso es exactamente lo que se espera de ella.

Que funcione. Siempre.

Allegion fabrica cerraduras, sistemas de acceso y componentes para puertas. Junto a Assa Abloy, es uno de los dos grandes participantes mundiales del sector, con especial fortaleza en Norteamérica.

Su ventaja competitiva nace de algo bastante sencillo: cuando se trata de seguridad, nadie quiere sorpresas.

Los edificios deben cumplir requisitos técnicos, los productos necesitan ser fiables y cambiar de proveedor no siempre es tan fácil como buscar el precio más bajo.

Esa posición puede ayudar a defender los márgenes.

Pero incluso los negocios resistentes atraviesan malas temporadas.

El problema que ha espantado a los inversores

Allegion acumula varios años de volúmenes débiles en construcción.

Además, ha presentado dos trimestres decepcionantes y ha sufrido dificultades al implantar un nuevo sistema de gestión empresarial, hasta el punto de perder ventas.

Y mientras otras compañías industriales despiertan entusiasmo por su exposición a centros de datos, Allegion sigue vendiendo productos bastante menos emocionantes.

Sus acciones no ofrecen la misma narrativa de crecimiento tecnológico.

Los gestores creen que ahí puede estar la oportunidad.

Interpretan que buena parte de la debilidad responde al ciclo de la construcción, no necesariamente a un deterioro permanente de la compañía.

Una pista es que su competidor Assa Abloy ha experimentado un comportamiento parecido en Estados Unidos.

Eso no demuestra que Allegion conserve intacta su cuota de mercado, pero reduce la sospecha de que todos sus problemas sean exclusivamente propios.

El dato que cambia la perspectiva

El informe destaca una conversión del beneficio en flujo de caja libre cercana al 95%.

Traducido: según la medida utilizada por los gestores, una parte muy elevada del beneficio contable termina convirtiéndose en dinero disponible para la empresa.

No significa que el accionista gane un 95%.

Significa que el negocio tiene una capacidad importante para generar caja, algo especialmente valioso cuando las ventas atraviesan una mala fase.

Además, su balance presenta poco endeudamiento.

Eso permite financiar adquisiciones, recomprar acciones o simplemente esperar a que mejoren las condiciones.

Allegion entra con un peso del 3,5%, directamente entre las diez mayores posiciones.

No es una apuesta testimonial.

Pero tampoco está libre de riesgos.

Si la construcción se recupera y Allegion sigue perdiendo ventas, la explicación de que todo era cíclico empezará a tambalearse. Y si resolver los problemas informáticos exige más dinero del previsto, el supuesto descuento podría no ser tan atractivo.

Lo que vigilaría: evolución de las ventas, cuota de mercado, corrección de los errores operativos, márgenes y generación de caja.

La pregunta no es si el mundo seguirá necesitando cerraduras.

Es si Allegion seguirá ganando suficiente dinero vendiéndolas.

Otis: el negocio escondido detrás del botón del ascensor

Fuente: otis.com

Entras en un ascensor.

Pulsas el botón de la sexta planta.

Las puertas se cierran y, unos segundos después, llegas a tu destino.

No piensas en la empresa que lo fabricó.

Mucho menos en la que se encarga de mantenerlo.

Sin embargo, ahí se esconde una de las características más interesantes del negocio de Otis.

Vender un ascensor puede generar ingresos una vez.

Mantenerlo puede generar ingresos durante décadas.

Y esa diferencia importa mucho.

Otis fabrica e instala ascensores y escaleras mecánicas, pero buena parte de sus beneficios procede de los servicios posteriores: mantenimiento, reparaciones y modernización.

Es un negocio que puede repetirse año tras año.

Un edificio no puede dejar de mantener sus ascensores simplemente porque la economía atraviese una mala temporada.

Una ventaja que se mide en desplazamientos

Imagina dos empresas de mantenimiento.

La primera tiene diez ascensores repartidos por toda una ciudad.

La segunda mantiene cientos de equipos concentrados en las mismas zonas.

¿Cuál podrá organizar mejor las rutas de sus técnicos?

Probablemente la segunda.

Necesitará menos desplazamientos por intervención y podrá aprovechar mejor su estructura.

Esa es una de las ventajas que aporta la escala en este sector.

Pero existe otra oportunidad menos visible: los ascensores envejecen.

Según el informe, aproximadamente el 60% de la base mundial de ascensores tiene más de quince años.

No se refiere únicamente a los ascensores de Otis, sino al parque global.

Muchos de esos equipos necesitarán modernizaciones con el paso del tiempo.

Eso no significa que todos vayan a renovarse mañana. Las decisiones dependen de presupuestos, necesidades técnicas y propietarios.

Pero sí proporciona una posible fuente de demanda a largo plazo.

¿Por qué está entonces bajo presión?

La venta de ascensores nuevos atraviesa dificultades, especialmente en China.

Además, Otis ha tenido que reforzar su organización de mantenimiento contratando más técnicos.

Y aquí aparece una paradoja habitual en los negocios.

Para ganar más dinero mañana, a veces tienes que aceptar ganar menos hoy.

Los nuevos trabajadores cuestan dinero desde el primer día, mientras que la mejora de productividad y los ingresos adicionales pueden tardar en llegar.

Eso presiona los márgenes a corto plazo.

El mercado teme que la recuperación tarde demasiado.

Los gestores ven algunas señales esperanzadoras.

En China, los ingresos por servicios ya superan a los de equipos nuevos. La modernización crece a doble dígito y los pedidos estadounidenses habían mejorado durante varios trimestres.

Son indicios favorables, pero todavía necesitan convertirse en beneficios y caja sostenibles.

Otis entra en cartera con un 2,6%.

Lo que vigilaría: productividad de los nuevos técnicos, rentabilidad del servicio, conservación de contratos, modernización y recuperación de márgenes.

Porque contratar más trabajadores no crea valor automáticamente.

Lo crea cuando esos trabajadores terminan generando más ingresos rentables de los que cuestan.

DSV: comprar un gigante es fácil; conseguir que funcione es otra historia

Fuente: dvz.de

Imagina que tienes una empresa que funciona razonablemente bien.

Tus clientes están satisfechos, tus sistemas están organizados y tus empleados conocen sus responsabilidades.

Ahora imagina que, de un día para otro, prácticamente duplicas su tamaño.

Miles de trabajadores nuevos.

Sistemas informáticos diferentes.

Clientes que esperan que nada falle.

Y una presión enorme por reducir costes.

Eso ayuda a entender el desafío al que se enfrenta DSV.

La compañía danesa organiza transporte aéreo, marítimo y terrestre para sus clientes, coordinando proveedores y redes logísticas.

A diferencia de un operador que necesita poseer toda la infraestructura que utiliza, su modelo requiere relativamente menos activos físicos.

Su fortaleza depende de la escala, los sistemas y la eficiencia operativa.

Y ha construido buena parte de su crecimiento comprando empresas con márgenes inferiores para integrarlas en su propia plataforma.

Hasta ahora, esa estrategia ha sido una pieza importante de su desarrollo.

Pero la adquisición de Schenker en 2025 lleva el desafío a otra dimensión.

Según el informe, la operación convierte a DSV en el mayor transitario mundial y prácticamente duplica su tamaño.

También es la integración más compleja que ha realizado.

El problema de las sinergias

Cuando dos empresas se fusionan, suelen anunciar importantes ahorros.

Oficinas compartidas. Sistemas unificados. Rutas optimizadas. Menos duplicidades.

Sobre el papel, todo encaja.

La dificultad empieza cuando hay que hacerlo sin que los clientes se marchen.

El mercado teme que la integración de Schenker provoque problemas en el transporte por carretera, costes superiores a los previstos y pérdidas de clientes.

No son preocupaciones imaginarias.

Una integración puede destruir parte del valor que prometía crear si interrumpe el servicio o deteriora la relación comercial.

El informe recoge un objetivo de ahorro de costes de 9.000 millones de coronas danesas.

Pero aquí está uno de los detalles más interesantes de la tesis.

Los gestores consideran que sus hipótesis de inversión necesitan que se materialice aproximadamente la mitad de los ahorros previstos.

No están basando toda su valoración en que salga absolutamente todo bien.

Eso introduce cierto margen de prudencia.

Aunque sigue existiendo riesgo: la mitad de los ahorros también debe conseguirse, y hacerlo puede exigir gastos extraordinarios.

Además, reducir costes no sirve de mucho si, por el camino, desaparecen clientes rentables.

Para comprar DSV, venden DHL

Hay otra decisión que merece atención.

Los gestores han financiado la nueva posición vendiendo DHL.

Según el informe, durante los doce meses anteriores DHL había superado a DSV en aproximadamente un 70% en comportamiento bursátil relativo.

No significa necesariamente que DHL hubiese subido un 70%. Es una comparación entre la evolución de ambas acciones.

Después de esa diferencia, el equipo considera más atractiva la relación entre precio y riesgo de DSV.

Es una decisión reveladora.

No basta con identificar una buena empresa.

También hay que preguntarse si sigue siendo la mejor oportunidad disponible al precio actual.

DSV entra con un 2,4% de la cartera.

Lo que vigilaría: retención de clientes, ahorros efectivamente realizados, márgenes, gastos de reestructuración, generación de caja y reducción de deuda.

Porque una fusión no se convierte en un éxito el día que se anuncia.

Se convierte en un éxito cuando las promesas empiezan a aparecer en la cuenta de resultados y en el dinero que queda disponible.

Reckitt: volver a comprar una empresa que antes decidiste vender

FHay algo que cuesta especialmente cuando invertimos: cambiar de opinión.

Si vendemos una empresa porque creemos que tiene problemas graves, volver a comprarla puede parecer una contradicción.

Pero ¿qué ocurre si los hechos cambian?

¿Y si el negocio empieza a recuperarse, el balance mejora y el precio vuelve a resultar atractivo?

Mantener la opinión anterior por orgullo también puede ser un error.

Eso es lo que plantea el regreso de Reckitt.

La compañía posee marcas relevantes de salud e higiene, con productos de consumo recurrente.

Son negocios que pueden disfrutar de relaciones estables con los consumidores y de una demanda relativamente resistente.

Pero una buena colección de marcas no garantiza una buena gestión.

Reckitt había acumulado errores de asignación de capital, insuficiente innovación y una dependencia de subidas de precios que sostenían los ingresos mientras los volúmenes perdían fuerza.

En otras palabras, vender productos más caros ayudaba a las cifras, pero no necesariamente significaba que los consumidores estuvieran comprando más unidades.

El problema que llevó al fondo a salir

La adquisición de Mead Johnson añadió dificultades en nutrición infantil, especialmente en China.

A ello se sumó el riesgo de litigios relacionados con enterocolitis necrosante.

En abril de 2024, el fondo decidió vender su posición.

El equipo temía que la incertidumbre judicial distrajera a los directivos, retrasara la reestructuración o debilitara el balance.

Era un riesgo difícil de cuantificar.

Y lo sigue siendo.

Sin embargo, ahora los gestores observan cambios favorables.

El crecimiento secuencial ha mejorado, los volúmenes del negocio principal han vuelto a terreno positivo y la estructura financiera se ha fortalecido.

Eso hace más defendible, a su juicio, el objetivo de la dirección de crecer entre un 4% y un 5% a medio plazo.

Es importante no confundir las cosas: ese porcentaje es una aspiración de crecimiento empresarial, no una previsión de rentabilidad de la acción.

Reckitt vuelve a la cartera con un 1,9%.

La decisión no significa que los problemas hayan desaparecido.

Significa que el equipo considera que el equilibrio entre precio, recuperación y riesgos ha mejorado.

Lo que vigilaría: crecimiento real de los volúmenes, caja, evolución de los litigios y capacidad del balance para absorber un desenlace judicial desfavorable.

Porque una marca conocida puede seguir vendiendo millones de productos y, aun así, convertirse en una mala inversión si los costes y las responsabilidades superan lo que el mercado esperaba.

Lo que venden también cuenta la historia

En inversión solemos prestar mucha atención a las compras.

Pero las ventas pueden revelar incluso más sobre la disciplina de un gestor.

Este trimestre, además de DHL, salen Rotork, Humana y Signify. También se reduce Yamaha.

El informe distingue, en términos generales, entre tesis que han madurado y oportunidades sustituidas por otras con una relación entre riesgo y precio más favorable.

No ofrece una explicación individual completa para cada salida, por lo que sería aventurado inventarla.

Hay, sin embargo, un caso especialmente ilustrativo.

Rotork: una ganadora que desaparece de la cartera

Rotork fue la mayor contribuyente individual positiva a la atribución relativa del trimestre, con aproximadamente 1,7 puntos porcentuales.

Su cotización se benefició de una mejora operativa y de una oferta de adquisición en efectivo por parte de ABB.

Y, sin embargo, al cierre ya no estaba en cartera.

¿Cómo puede una empresa contribuir tanto a la rentabilidad y no aparecer entre las posiciones finales?

Porque la fotografía de la cartera al cierre no cuenta todo lo sucedido durante el trimestre.

Una acción puede subir mientras el fondo la mantiene y venderse después.

Su aportación a los resultados permanece, aunque su peso final sea cero.

Es una distinción sencilla, pero fundamental para interpretar correctamente un informe de gestión.

También compran más de lo que ya tienen

El equipo aumenta Boston Scientific, que termina como primera posición con un 4,3%.

Además, refuerza Anheuser-Busch InBev, Saint-Gobain, Spirax y Veolia, entre otras.

Aquí conviene aplicar la misma exigencia que con una compra nueva.

Si una acción cae, comprar más puede ser una decisión inteligente cuando la tesis se mantiene.

Pero también puede convertirse en una forma de profundizar en un error.

La pregunta siempre debería ser la misma:

¿El negocio vale más de lo que refleja su cotización o simplemente nos estamos acostumbrando a justificar sus problemas?

El precio de no tener Microsoft ni Meta

Imagina que organizas una carrera y decides correr por un camino completamente diferente al del resto.

Puede que encuentres un atajo.

Pero también puede que, durante muchos kilómetros, veas cómo los demás se alejan.

Eso ocurre cuando un fondo se aparta radicalmente de su índice.

Durante el trimestre, IMCD, Becton Dickinson y Cenovus contribuyeron positivamente a los resultados relativos.

En cambio, Anheuser-Busch InBev, Veolia y Howden Joinery perjudicaron la comparación.

Pero hubo dos nombres especialmente importantes.

Microsoft y Meta.

El fondo no las tenía.

Y su ausencia restó aproximadamente 2,1 y 0,7 puntos porcentuales, respectivamente, a la atribución relativa.

No porque el fondo perdiera directamente dinero con ellas.

Sino porque el índice sí se benefició de su evolución.

Es una de las paradojas de la gestión activa: puedes equivocarte frente al índice sin poseer la acción que explica esa diferencia.

Estas aportaciones son estimaciones de atribución, no incluyen gastos y utilizan una metodología distinta de la rentabilidad oficial. Por eso no deben sumarse para reconstruir exactamente el 4,16% ganado por la clase ni su ventaja de 0,32 puntos.

Una cartera que se parece muy poco a su índice

Indicador

Valor

Contexto

Posiciones del fondo

41

Frente a 816 del índice

Active share

98%

Diferencia de composición frente al índice

Un active share del 98% indica que los pesos de la cartera son extraordinariamente distintos de los del MSCI World Value.

No significa que los gestores tengan un 98% de probabilidades de acertar.

Tampoco que el fondo esté protegido frente a las caídas del mercado.

Simplemente confirma que estamos ante una estrategia que toma decisiones muy diferentes a las de su referencia.

Las diez mayores posiciones concentran un 34,7% de la cartera.

Boston Scientific, Michelin y Campari encabezan la lista, seguidas de Allegion e IMCD.

Y aunque haya 41 compañías diferentes, varias pueden sufrir simultáneamente por los mismos motivos: consumo débil, menor construcción o presión sobre los márgenes.

La diversificación no depende solo de contar nombres.

También depende de entender qué puede salir mal en varios negocios a la vez.

Un fondo global que mira mucho más a Europa que a Estados Unidos

Cuando escuchamos la expresión «fondo de renta variable global», podemos imaginar una cartera repartida de forma relativamente equilibrada por el mundo.

Pero global no significa necesariamente equilibrado.

En el MFS Contrarian Value, Europa tiene un protagonismo enorme.

El mapa de la cartera es muy distinto al del índice

Distribución geográfica al 30 de septiembre de 2026, porcentajes.

Gráfico 4. Pesos al 30 de septiembre de 2026. Europa incluye Reino Unido y se calcula sumando ambas regiones publicadas. Se muestran las principales áreas; se omiten efectivo y exposiciones residuales. La clasificación geográfica sigue el criterio de MFS y no representa el origen de los ingresos. Fuente: MFS. Elaboración propia.

El 43,8% está invertido en Europa continental, excluido Reino Unido.

Otro 21,4% está en Reino Unido.

En conjunto, Europa representa el 65,2% de la cartera.

Estados Unidos, en cambio, supone solo el 22,9%, frente al 72,3% del índice.

La diferencia es enorme.

Esto no significa necesariamente que los gestores estén haciendo una gran apuesta macroeconómica a favor de Europa.

Puede ser el resultado de encontrar, empresa por empresa, más oportunidades a precios atractivos en esa región.

Pero la consecuencia práctica es la misma: el fondo queda muy expuesto a compañías domiciliadas en Europa.

Hay un matiz importante.

Una empresa francesa puede obtener buena parte de sus ventas en Estados Unidos, Asia o Latinoamérica.

Por eso, tener el 65,2% de la cartera en compañías europeas no significa que ese porcentaje de los ingresos proceda de Europa ni que toda esa exposición dependa económicamente del euro o de la libra.

Para saberlo necesitaríamos analizar los negocios y sus ventas por regiones.

¿Es bueno o malo tener tanto peso europeo?

Depende de lo que ya tengas.

Si tu cartera está dominada por grandes compañías estadounidenses, este fondo podría aportar una composición diferente.

Pero si ya acumulas varios fondos europeos, industriales o de estilo value, quizá estés aumentando una exposición que ya era elevada.

No basta con añadir productos para diversificar.

Hay que comprobar qué empresas, sectores y riesgos estamos acumulando realmente.

¿Está barato el fondo o hay una razón para que cueste menos?

Hay una trampa muy habitual al analizar inversiones.

Vemos una empresa que cotiza a diez veces beneficios y otra que cotiza a veinte.

Nuestra primera reacción puede ser pensar que la primera está más barata.

Pero ¿y si sus beneficios van a caer durante años?

¿Y si la segunda puede crecer mucho más?

El precio solo cuenta una parte de la historia.

Y esto también ocurre al comparar fondos.

La cartera del MFS Contrarian Value cotiza a 13,4 veces los beneficios esperados para los próximos doce meses, frente a las 14,8 veces del MSCI World Value.

Eso representa un descuento aproximado del 9,5%.

Parece atractivo.

Hasta que miramos la otra cara.

El crecimiento esperado del beneficio a largo plazo es del 10,2%, frente al 14,3% del índice.

Es decir, el fondo cotiza a una valoración inferior, pero también tiene unas expectativas agregadas de crecimiento más modestas.

El descuento podría estar parcialmente justificado.

La cuestión es si el mercado está siendo demasiado pesimista sobre la recuperación de las empresas seleccionadas.

Además, estas medidas de valoración excluyen compañías con beneficios esperados negativos, una limitación que conviene tener presente.

Una cartera con más fábricas y menos bancos y tecnología

Principales diferencias sectoriales

Gráfico 5. Selección de sectores al 30 de septiembre de 2026, con pesos sobre la cartera y el índice. Se omiten utilities, energía, inmobiliario, efectivo y otras exposiciones. La ausencia de una barra indica un peso nulo o no registrado en esa categoría en el informe. Fuente: MFS. Elaboración propia.

Los industriales representan casi una cuarta parte del patrimonio.

También existe una presencia superior a la del índice en salud, consumo básico, consumo discrecional y materiales.

En cambio, las financieras pesan menos, y no hay exposición a tecnología ni servicios de comunicación al cierre.

No es la típica cartera value dominada por bancos o petroleras.

También llama la atención el tamaño de las empresas.

La capitalización media ponderada de la cartera es de 38.600 millones de dólares, frente a 574.000 millones del índice.

Eso reduce la dependencia de las megacapitalizadas, aunque no convierte automáticamente al fondo en una estrategia de pequeñas empresas.

En conjunto, la cartera se mueve en un terreno muy distinto del que ocupa buena parte del mercado global.

Y esa diferencia puede ser una ventaja.

O una fuente prolongada de frustración.

La parte incómoda: más rentabilidad histórica, pero también más sobresaltos

Hay algo que conviene recordar cuando vemos una rentabilidad anualizada atractiva.

Los inversores no viven sus resultados en forma de medias estadísticas.

Los viven día a día.

Y las caídas pueden ser mucho más difíciles de soportar que lo que sugiere una tabla.

Durante los últimos cinco años, el MFS Contrarian Value obtuvo una rentabilidad anualizada del 15,15%, frente al 11,54% del índice.

Pero también registró una volatilidad superior.

Gráfico 6. Periodo de cinco años terminado el 30 de septiembre de 2026. Rentabilidad de la clase I1 USD; volatilidad según el informe. La volatilidad mide dispersión histórica, no pérdida máxima. Comparador: MSCI World Value con dividendos netos. Fuente: MFS. Elaboración propia. Los datos históricos no garantizan resultados futuros.

La beta es de 1,17.

Son datos históricos, no una fórmula para predecir.

Pero muestran que la estrategia ha experimentado volatilidad superior a las de su referencia.

Y existe otro riesgo todavía más importante.

¿Qué pasa si la recuperación nunca llega?

Volvamos a nuestras cuatro empresas.

¿Qué ocurre si Allegion no recupera sus ventas cuando mejore la construcción?

¿Y si Otis contrata más técnicos, pero los márgenes no mejoran?

¿Y si DSV pierde demasiados clientes mientras integra Schenker?

¿O si los problemas judiciales de Reckitt terminan siendo mucho más costosos de lo previsto?

Entonces, lo que parecía una oportunidad puede convertirse en una trampa de valor.

El mercado no siempre se equivoca cuando castiga a una compañía.

A veces está anticipando correctamente un deterioro permanente.

También puede ocurrir que los gestores acierten sobre el negocio y que la cotización tarde años en reflejarlo.

Mientras tanto, el dinero permanece invertido y no puede aprovechar otras oportunidades sin vender.

Y, por supuesto, todas estas empresas siguen cotizando en bolsa.

Un buen balance y una fuerte generación de caja pueden ayudar a resistir una crisis, pero no impiden que sus acciones caigan.

Comprar con margen de seguridad no equivale a tener el capital garantizado.

El detalle del dólar que puede sorprender a un inversor español

Imagina que compras una inversión denominada en dólares.

Durante el año, gana un 10%.

Buena noticia.

Pero, en ese mismo periodo, el dólar se deprecia un 10% frente al euro.

Al convertir tu inversión a euros, el resultado no sería una ganancia del 10%.

Ni siquiera sería exactamente cero.

Sería una pérdida aproximada del 1%.

La cuenta es sencilla:

1,10 × 0,90 − 1 = −0,01

Esto ilustra cómo el movimiento de las divisas puede cambiar el resultado que recibe un inversor cuyo patrimonio está medido en euros.

Las empresas subyacentes también tienen sus propias exposiciones económicas a distintas monedas.

Y cuidado: que una clase esté denominada en euros no significa automáticamente que cubra el riesgo de divisa.

Hay que comprobar las características de cada clase.

Otro detalle fundamental: el fondo está cerrado

Desde el 1 de julio de 2025, el fondo está cerrado a nuevos inversores, salvo excepciones muy limitadas.

Por tanto, que una estrategia resulte interesante no significa que esté disponible para cualquiera.

El acceso depende de las condiciones aplicables y del intermediario.

Y tampoco sería correcto trasladar directamente los resultados de la clase institucional I1 USD a otra clase con gastos diferentes.

Son detalles prácticos que pueden cambiar significativamente la experiencia del inversor.

Las cuatro preguntas que decidirán si los gestores tenían razón

Después de analizar todo esto, creo que lo más útil no es intentar adivinar cuánto subirá el fondo el próximo trimestre.

Es identificar qué hechos permitirán comprobar si sus nuevas inversiones están funcionando.

Allegion: ¿volverán las ventas?

La clave será comprobar si se estabilizan los volúmenes, se corrigen los problemas informáticos y la empresa mantiene su posición competitiva y su capacidad para generar caja.

Otis: ¿los nuevos técnicos generarán más beneficios?

Importará la productividad del servicio, la conservación de los contratos y la conversión de la inversión en personal en mejores márgenes y caja.

DSV: ¿la integración de Schenker creará valor?

Habrá que observar ahorros reales, clientes retenidos, costes de integración, márgenes y reducción de deuda.

Reckitt: ¿la recuperación será sostenible?

La prueba estará en los volúmenes vendidos, la generación de caja y la capacidad financiera para afrontar el riesgo judicial.

También seguiría la disciplina de los gestores a la hora de vender.

Rotork y el intercambio entre DHL y DSV son buenos ejemplos de cómo una cartera puede renovarse cuando cambia la relación entre precio y riesgo.

Y prestaría especial atención a las posiciones que han aumentado después de caer.

Comprar más solo tiene sentido si la información nueva sigue respaldando la valoración.

¿Para quién puede tener sentido un fondo así?

Hay inversores que necesitan que su cartera se comporte de forma parecida al mercado.

No quieren grandes sorpresas.

Si el índice sube un 15%, esperan que su fondo no se aleje demasiado de ese resultado.

Para ellos, una estrategia con un active share del 98%, una concentración importante en Europa y ninguna posición en tecnología o comunicación puede resultar difícil de mantener.

Porque las diferencias pueden ser enormes.

Y durar bastante.

En cambio, un inversor con horizonte largo, capacidad para asumir pérdidas y una cartera global ya diversificada puede encontrar valor en una selección de compañías y sectores muy diferente.

Eso no significa que el fondo sea adecuado para todos los inversores pacientes.

Ni permite determinar qué porcentaje debería ocupar en una cartera.

Depende de las posiciones que ya se tengan, la liquidez necesaria, la tolerancia a las caídas y el riesgo de concentrar exposiciones parecidas a través de varios fondos.

Tampoco parece una estrategia apropiada para dinero que se pueda necesitar a corto plazo.

La paciencia que exige no puede depender de que el mercado se recupere justo cuando necesitas vender.

La oportunidad no está en que una empresa haya caído. Está en lo que todavía puede llegar a ser

Hay algo que me parece especialmente interesante de las nuevas compras del MFS Contrarian Value.

Ninguna necesita inventar una revolución para justificar su existencia.

Las puertas seguirán necesitando cerraduras.

Los edificios seguirán necesitando ascensores que funcionen.

Las empresas seguirán transportando mercancías.

Y los consumidores seguirán comprando productos de salud e higiene.

Pero eso, por sí solo, no garantiza una buena inversión.

Una actividad necesaria puede ser poco rentable. Una compañía líder puede cometer errores. Una empresa con marcas conocidas puede acabar pagando demasiado por una adquisición.

Y una acción que parece barata puede seguir cayendo.

Lo que los gestores están comprando no es simplemente la permanencia de esos negocios.

Están comprando la posibilidad de que sus problemas actuales sean menos graves de lo que el mercado está descontando.

Esa es una apuesta mucho más concreta.

Y también mucho más exigente.

Porque necesita tres cosas.

Que el diagnóstico sea correcto.

Que las empresas tengan recursos para aguantar.

Y que el precio pagado deje suficiente margen para compensar los riesgos.

Los resultados históricos muestran que esta estrategia ha conseguido superar a su índice en horizontes de tres y cinco años, aunque con periodos de retraso importantes y una volatilidad superior.

Las nuevas posiciones ofrecen ahora otra prueba para sus gestores.

Habrá que comprobar si las cerraduras vuelven a venderse, si los ascensores generan mejores márgenes, si la integración logística produce ahorros reales y si las marcas de Reckitt recuperan volúmenes sin que los riesgos judiciales comprometan su balance.

No hay garantías.

Pero sí una lección que merece la pena recordar cada vez que una nueva tendencia acapara todas las portadas:

En bolsa, la mejor historia no siempre es la mejor inversión.

A veces, mientras todo el mundo mira hacia el futuro, las oportunidades están escondidas en negocios que llevamos décadas utilizando sin prestarles demasiada atención.

El precio de entrada importa mucho.

Pero acertar con el negocio importa todavía más.

Que tengáis una buena semana.

Julio Estella de la Rica

Gestor Patrimonial

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