Buenos días.

Arrancamos la semana con el conflicto de Oriente Medio todavía en primer plano, lo que nos coloca en una apertura del lunes con más incertidumbre que certeza. El petróleo cerró el viernes por encima de los 90 dólares después de la mayor subida semanal de su historia moderna, y los mercados de futuros americanos no sugieren que vaya a haber alivio inmediato.

Esta semana os mando algo diferente al formato habitual. He juntado tres análisis institucionales que han llegado estos días y los he integrado en un solo artículo con lo que creo que es la lectura más honesta que puedo daros en este momento: qué dice el análisis fundamental a doce meses, qué dicen las señales técnicas a dos semanas, y dónde están los puntos de divergencia entre los dos. El hilo conductor es simple: los dos marcos pueden tener razón al mismo tiempo si entendéis que no están mirando el mismo reloj.

La agenda de la semana es densa: CPI de febrero el miércoles, PCE el viernes y resultados de Oracle el martes. Hay mucho que puede mover los mercados con independencia de lo que haga el conflicto. Os lo explico todo.

El mismo shock, dos relojes distintos

Este fin semana he leído dos análisis de primer nivel sobre el mismo mercado, el mismo conflicto y el mismo shock del petróleo. El primero es el Arranque de semanade Goldman Sachs , con cobertura simultánea del S&P 500, el STOXX 600 europeo y el MSCI EM. El segundo es el análisis técnico y de posicionamiento que llevo siguiendo con especial atención en las últimas semanas, y que esta vez coincide con algunas de las lecturas más interesantes que he visto en mucho tiempo. Leer los dos juntos produce una sensación peculiar: parecen estar hablando de mundos distintos.

No es que uno esté equivocado. Es que operan en frecuencias temporales completamente distintas, y confundir esas frecuencias es uno de los errores más costosos que puede cometer un inversor. Goldman habla en semestres: fundamentales, beneficios por acción, objetivos de precio a doce meses, patrones históricos de recuperación post-conflicto. Mi lectura de mercado habla en semanas: señales de momentum, niveles de soporte técnico, posicionamiento de derivados, riesgo de liquidación forzada en activos privados. Los dos pueden ser correctos al mismo tiempo.

El objetivo de este artículo es integrar los dos marcos en una lectura coherente. Mi intención es extraer de Goldman lo que mejor hace (el horizonte fundamental a doce meses) y combinarlo con mi propia visión táctica de las próximas semanas, siendo explícito en todo momento sobre qué es cada cosa y por qué no deben mezclarse para tomar decisiones.

El petróleo: el mayor shock en 40 años

Goldman Sachs: un bache dentro del patrón histórico

El WTI Crude Oil registró esta semana su mayor subida semanal de la historia del mercado moderno: +36% en cinco sesiones, cerrando por encima de 90 dólares. El Brent llegó a 85 dólares con una subida del 27% semanal. Goldman Sachs sitúa este movimiento en el contexto de los siete episodios de riesgo geopolítico severo analizados desde 1950. El patrón estadístico es consistente: el S&P 500 cae en torno a un 4% durante la primera semana del shock y recupera esas pérdidas en el mes siguiente. El episodio actual se sitúa ligeramente por encima de la media en términos de caída inicial, pero dentro del rango histórico habitual.

Mi lectura: el mayor spike no marca el techo, y eso es lo que más importa ahora

El argumento de Goldman sobre la recuperación histórica es sólido para el horizonte de un año. Pero hay algo que los datos técnicos muestran con mucha claridad, y que creo que se está pasando por alto en el debate general: la mayor subida semanal del petróleo nunca ha coincidido con el techo del crudo. Nunca. Y eso cambia bastante la ecuación táctica de las próximas semanas.

En agosto de 1990, el crudo subió un 22% en una semana y después continuó subiendo un 68% adicional a lo largo de los dos meses siguientes, con el techo definitivo en octubre. Si ese patrón se repitiese ahora, el objetivo sería en torno a 150 dólares. En 2022, la subda fue del 26% semanal y el techo llegó casi de inmediato, cerca de 130 dólares, el análogo en precios actuales sería 100 dólares. Dos precedentes históricos de naturaleza comparable, dos desenlaces completamente distintos. Honestamente, no tengo forma de saber cuál de los dos aplica ahora mismo, y desconfío de cualquiera que diga que sí lo sabe.

Lo que sí puedo hacer, y es lo que me parece más útil en este momento, es definir las señales técnicas que en todos los precedentes históricos sin excepción han identificado el techo del crudo en tiempo real. Son tres. La primera es la ruptura por debajo del mínimo del día anterior: en los últimos seis días consecutivos de subida, esto no ha ocurrido ni una sola vez. Mientras no ocurra, no hay techo confirmado. La segunda es la pérdida de la media de 10 días. La tercera y definitiva es el cruce bajista de las medias de 10 y 20 días (sell cross). Esta secuencia funcionó en 1990, en 2003 y en 2022. No la tengo todavía, y hasta que la tenga, mi postura es de espera.

Hay un indicador adicional que refuerza esa cautela: la sobrecompra técnica. El WTI está en el tercer registro más extremo de sobrecompra de su historia en 45 años. Los únicos dos días que lo superaron fueron el 6 y 7 de agosto de 1990, y ninguno fue el techo (que llegó dos meses después). Así que si alguien os dice que el crudo ya ha techado porque "está muy sobrecomprado", podéis pedirle el historial de sus predicciones anteriores.

Goldman Sachs: el impacto del petróleo en los beneficios es casi neutro

Aquí Goldman aporta un dato que creo que cambia el enfoque del debate. Su modelo top-down cuantifica que una subida del 10% en el petróleo tiene un impacto neto de apenas +0,4% en el BPA del S&P 500, porque los efectos positivos (energía, servicios energéticos) y los negativos (aerolíneas, consumo discrecional, distribución) casi se cancelan. El sector energético representa apenas el 4% de los beneficios del S&P 500.

El riesgo de fondo no es el petróleo en sí mismo, sino un escenario en el que la perturbación energética sea tan prolongada que acabe frenando el crecimiento del PIB. Una caída de 100 puntos básicos en el crecimiento real de EE.UU. impacta entre un 3% y un 4% en el BPA agregado del índice. El petróleo es un problema de distribución sectorial. La duración del shock es lo que determina si se convierte en un problema macroeconómico de verdad.

Históricamente, cuando el Brent sube más de un 10% en un mes, los ganadores rotacionales son Energía y servicios energéticos, mientras los rezagados son precisamente aerolíneas y retail de gran consumo.

¿Cuánto dura esto? La pregunta que ningún modelo responde bien

Hay una variable que ningún modelo cuantifica bien: la duración del conflicto. Hay analistas que creen que se resolverá en semanas por una razón bastante pragmática: existe presión económica y política para que no se prolongue, incluyendo la de aliados de la administración que no están cómodos. Sin embargo, el mercado de predicciones Polymarket, que en este tipo de eventos actúa como el mejor proxy disponible del consenso real del mercado, le asigna solo un 24% de probabilidad a que el conflicto acabe este mes, y menos del 50% a que haya terminado para final de abril. El nombramiento del hijo de Jamenei anunciado el domingo por la noche no ayuda a mejorar esas probabilidades.

Ese gap entre la tesis optimista y el consenso del mercado es exactamente la incertidumbre que hay que pricear. Si el conflicto dura semanas, el efecto neto del petróleo sobre los beneficios del S&P 500 es casi irrelevante (recordad el dato de Goldman: apenas +0,4% por cada 10% de subida del crudo). Si Polymarket tiene razón y el conflicto se extiende durante meses, entonces la variable que importa no es el nivel del crudo sino su persistencia, y ahí el impacto sobre el crecimiento puede ser de un orden de magnitud completamente distinto. La duración es el factor que determina si esto es un bache o algo más serio, y en este momento no tengo una respuesta con la que me sienta cómodo.

Ese matiz conecta directamente con mi visión táctica: cuanto más tarde el petróleo en activar sus señales de giro, mayor es la probabilidad de que el shock acabe arrastrando el crecimiento global. No es una predicción, es una función de riesgo que hay que mantener en mente.

El riesgo que Goldman no desarrolla y que yo sigo con mucha atención

El informe de Goldman Sachs no menciona el crédito privado. Y tiene lógica: Goldman trabaja con activos cotizados en mercados públicos, donde los precios son observables en tiempo real. El crédito privado es opaco por definición, y sus tensiones no aparecen en los índices hasta que ya están bastante avanzadas. Pero esta semana ha pasado algo que me parece relevante: los actores más informados de ese mercado han empezado a hablar en público con una franqueza que no es habitual.

Marc Rowan, consejero delegado de Apollo Global Management, advirtió en un evento público de Bloomberg de una "sacudida prolongada y previsible" en la industria. Jeff Gundlach de DoubleLine, que raramente comenta en público, escribió esta semana que BlackRock había reducido a cero el valor de un préstamo privado apenas tres meses después de valorarlo al cien por cien, y preguntó abiertamente: "Si las carteras de crédito privado funcionan tan bien como sus gestores dicen, ¿por qué están limitando los reembolsos?" Boaz Weinstein de Saba Capital describió la mecánica de espiral: salidas que fuerzan ventas, ventas que generan pérdidas, pérdidas que aceleran más salidas, todo en un universo de 700.000 millones de dólares en productos que prometieron una liquidez que el activo subyacente no puede ofrecer. Y PIMCO publicó un análisis advirtiendo de un "ciclo de impagos en toda regla".

El dato concreto más llamativo de la semana: BlackRock ha limitado al 5% los reembolsos en su fondo HPS Corporate Lending Fund (26.000 millones de dólares), cuando los accionistas pedían rescatar el 9,3%. Goldman Sachs sí menciona de pasada este riesgo en su informe europeo: señala que los bancos del continente han sufrido más que en 2022, en parte por "preocupaciones crecientes en torno al crédito privado tras el colapso de MFS". Lo dice en una frase, no lo desarrolla. Yo sí quiero desarrollarlo, porque creo que es uno de los riesgos más subestimados del entorno actual.

Mi lectura es que no estamos ante un colapso inminente del crédito privado, sino ante una situación en la que la combinación de iliquidez estructural, valoraciones opacas y presión de reembolsos puede actuar como amplificador de cualquier shock que llegue desde el mercado público. El petróleo sube, el VIX sube, los spreads se amplían, y en algún momento ese deterioro de los activos públicos empieza a afectar también a las valoraciones privadas. Es la dinámica que hay que seguir. La pregunta no es si ocurrirá, sino cuándo y con qué velocidad.

El S&P 500: Goldman mantiene los objetivos, yo espero la señal

Goldman Sachs: fundamentos sólidos, objetivo 7.600 puntos

Goldman Sachs mantiene todas sus previsiones sin cambios. Espera un crecimiento del BPA del S&P 500 del 12% en 2026, hasta 305 dólares, y un 10% adicional en 2027 hasta 336 dólares. El objetivo de precio para finales de 2026 es 7.600 puntos (desde los 6.831 actuales), un potencial del 11%. El argumento es que el shock geopolítico actual sigue el patrón histórico de los siete episodios analizados desde 1950 y los fundamentos que sostienen ese objetivo, principalmente el ciclo de inversión en IA, no han cambiado.

Mi visión: el mercado lleva meses en la mayor compresión de la historia y está empezando a resolverla a la baja

No discuto los fundamentales de Goldman a doce meses. Lo que veo es que el mercado, en su estado técnico actual, no ha completado el proceso de ajuste que históricamente precede a los suelos reales. El S&P lleva 41 sesiones en el rango de precios más estrecho a inicio de año desde 1928. Es como un corredor que ha aguantado muchos kilómetros a un ritmo insostenible: en algún momento tiene que respirar. Esta semana ha habido señales de que esa respiración está empezando, y la dirección que me preocupa es la bajista.

El soporte clave del SPY está en 670 dólares. Si ese nivel cede, el siguiente destino natural son 650 dólares, ligeramente por debajo de la media de 200 días y cerca de los mínimos de noviembre, y ese movimiento puede ser rápido cuando empiece. El MAGS (ETF de las maginificas 7) está pegado a los mínimos del rango con todos los indicadores de momentum en negativo. El QQQ hizo techo hace cuatro meses y todavía no ha testado su media de 200 días, lo que me dice que hay recorrido bajista pendiente por completar. El XLK tocó su media de 200 días dos veces esta semana sin poder rebotar con convicción, que es la clase de fallo técnico que suele preceder a una ruptura definitiva.

Los sectores financiero (XLF) y consumo discrecional (XLY) llevan semanas cayendo de forma lenta pero continua, sin aceleración y sin estabilización. Esa dinámica me parece más preocupante que una caída brusca, porque es consistente con lo que llamo "de-grossing silencioso": fondos reduciendo exposición de forma ordenada, lo que puede prolongar la presión durante más tiempo.

Los semiconductores (SOX) han confirmado esta semana la trampa alcista que advertí la semana pasada, con casi todos los nombres del sector cayendo entre el 11% y el 18%. Solo algunas aerolíneas y navieras de cruceros han tenido un comportamiento comparable. En el lado positivo, el software (IGV) ha avanzado un +16% en 8 sesiones desde sus mínimos, el mejor comportamiento relativo de la semana. Mi lectura no es que el software haya resuelto su corrección, sino que ha llegado a una zona técnica de posible suelo. Si el mercado amplio sigue deteriorándose, el software probablemente retroceda para volver a testear los mínimos antes de formar una base más sólida. Puede caer menos que el mercado general, pero seguirá siendo vulnerable. Microsoft (MSFT) es el nombre que más de cerca estoy vigilando para una entrada de calado cuando las condiciones lo justifiquen.

El dato que más me preocupa en este momento: los gestores de activos seguían cortos del VIX a cierre del martes, incluso con el índice rozando 28. El VIX ha cerrado la semana cerca de 29 con una ruptura técnica clara al alza. Si continúa subiendo, esas posiciones cortas van a tener que cerrarse a la fuerza, lo que puede generar un repunte adicional de volatilidad que amplifique el movimiento bajista. Y los spreads de crédito tanto de alto rendimiento (CDX HY) como de grado de inversión (CDX IG) han marcado rupturas técnicas simultáneas esta semana. Crédito y volatilidad moviéndose al unísono, con el S&P cayendo apenas un 2% en la semana: el daño en la fontanería del mercado es desproporcionado respecto al movimiento del índice, y eso suele ser una señal de presión estructural más que de volatilidad superficial.

La Fed: marzo es un no, julio vuelve a ser posible

El posicionamiento de los mercados de tipos añade un tercer eje a la lectura del S&P 500. Al cierre de esta semana, la reunión del 18 de marzo es prácticamente un no (solo un 4% de probabilidad de bajada en el Fedwatch de CME). La primera bajada real que el mercado contempla como probable es julio, con un 64% de probabilidad. Para todo 2026, el mercado pricear 44 puntos básicos de recortes, equivalente a poco más de una bajada y media.

La dinámica de la semana es relevante. El martes, con el crudo disparado, el mercado eliminó casi una bajada completa de las expectativas. El viernes, el informe de empleo de febrero salió peor de lo esperado (señal de debilidad en el mercado laboral) y los tres gobernadores más dovish de la Fed (Waller, Bowman y Miran) confirmaron públicamente que siguen viendo margen para cortar, lo que devolvió algo de esperanza a los mercados de tipos. El resultado neto fue un ligero retroceso en los rendimientos, pero la semana cerró con el mercado de tipos significativamente menos acomodaticio que hace una semana.

Mi lectura es que la Fed está en un limbo incómodo: no puede bajar porque la inflación (el PCE core sigue cerca del 3%) no le da cobertura suficiente, pero tampoco puede subir sin agravar el daño en un mercado laboral que ya empieza a flaquear. En ese contexto, el petróleo actuando como impuesto regresivo sobre el consumidor es lo último que necesita Powell…

La inteligencia artificial: el motor que el conflicto no apaga

Uno de los análisis más valiosos de Goldman Sachs esta semana es el que cuantifica el impacto real de la IA en los beneficios del S&P 500 con números concretos, alejándose del debate narrativo habitual.

En 2025, la inversión en infraestructura de IA fue responsable de aproximadamente el 24% del crecimiento total del BPA del S&P 500. En 2026, esa cifra sube al 36%, para volver al 26% en 2027 conforme se desacelera el capex.

Los grandes hyperescaladores (Amazon, Google, Microsoft, Meta, Oracle) gastaron 412.000 millones de dólares en infraestructura de IA en 2025 y el consenso apunta a 667.000 millones en 2026. Ese dinero fluye a los proveedores de semiconductores, equipamiento para centros de datos y hardware. La conexión directa con el colapso del SOX esta semana es el reverso de esa moneda: cuanto más gasta un hyperscalador, más amortización acumula en los trimestres siguientes. Goldman estima que la ratio de amortización sobre ventas de estos grupos pasará del 8% histórico al 14% en 2027, comprimiendo márgenes y elevando las valoraciones en términos de precio sobre flujo de caja libre a 115 veces.

El resultado que Goldman encuentra más incómodo, y que comparto, es el de la productividad: aunque el 70% de las empresas del S&P 500 mencionó la IA en sus comunicados del cuarto trimestre de 2025, y el 54% la vinculó a mejoras operativas, solo el 1% fue capaz de cuantificar ese impacto en beneficios. Los ahorros citados suman unos 300 millones de dólares en total, menos del 0,1% del BPA del índice. La narrativa de la IA como transformador de productividad es correcta en su dirección, pero prematura en sus plazos. Goldman estima 0,4 puntos porcentuales de impacto en el BPA para 2026, subiendo a 1,5 puntos en 2027. Real y creciente, pero todavía pequeño frente a la magnitud del capex invertido.

Europa: el shock energético no es simétrico

El informe europeo de Goldman Sachs contiene una lectura que a mi juicio es la más útil para los inversores con exposición a mercados del continente: el shock de esta semana no afecta a Europa de la misma manera que a Estados Unidos. El STOXX 600 cayó un 4,5%, más del doble que el S&P 500, y la razón es estructural: Europa depende del gas natural (TTF) mucho más que del petróleo. Los sectores más negativamente correlacionados con subidas del gas son el DAX alemán, el consumo discrecional europeo, los cíclicos y las pequeñas y medianas empresas. Los más protegidos (o beneficiados) son Energía, Renovables, el FTSE 100 y los defensivos.

Goldman ha revisado a la baja sus previsiones para el área euro y el Reino Unido: entre 0,1 y 0,2 puntos porcentuales menos de crecimiento del PIB, 0,4 puntos más de inflación y una ralentización en los recortes de tipos del Banco de Inglaterra. El equipo traza un paralelismo con el shock de 2022 pero con diferencias importantes: la tecnología y el capital ligero han aguantado mejor esta vez (tipos más estables que en 2022), mientras que los bancos europeos han sufrido más, penalizados por valoraciones de partida más exigentes y por las preocupaciones crecientes sobre el crédito privado.

La recomendación táctica de Goldman para Europa es clara: largo en el sector de Defensa europeo y largo en de Infraestructura. Ambas posiciones se benefician del aumento del gasto público europeo independientemente de cómo evolucione el conflicto, y tienen sentido estratégico más allá del corto plazo. El objetivo de precio a doce meses para el STOXX 600 se mantiene en 625 puntos (desde los 605 actuales), equivalente a una rentabilidad total del 6-7% incluyendo dividendos. Un dato de contexto que me parece relevante: los flujos acumulados hacia Europa desde 2020 son apenas ligeramente positivos, muy por debajo de otras regiones. El mercado europeo ha mejorado su valoración relativa en 2025-2026, pero no está sobrecomprado en términos de posicionamiento. La corrección de esta semana no es una capitulación de posiciones sobredimensionadas.

Mercados emergentes: la peor parte de la semana

El MSCI EM cayó un 7% en cinco sesiones, frente al 4% del MSCI World. Los mercados que más sufrieron fueron Perú, Chile, Corea del Sur y Sudáfrica, todos con caídas superiores al 10%. La única excepción positiva fue Arabia Saudí (+1%), lógicamente beneficiada como exportadora de petróleo. Las salidas de capital extranjero alcanzaron los 13.700 millones de dólares en la semana, lideradas por Taiwán (-8.900 millones), Corea (-3.300 millones) e India (-1.300 millones).

Goldman Sachs explica la magnitud de las caídas con dos capas analíticas. La primera es la sensibilidad macroeconómica: los países más expuestos al shock según su modelo son Turquía, Malasia, India, Egipto y Tailandia. Los menos expuestos, Brasil y México.

La segunda capa me parece la más interesante: el posicionamiento previo. Corea, Sudáfrica, Chile y Perú habían acumulado entre el 38% y el 160% de revalorización en los 12 meses previos.

En los shocks geopolíticos, los inversores deshacen primero las posiciones con mayores ganancias latentes, independientemente de la relación directa del mercado con el conflicto. Por eso Corea, con escasa exposición directa a Oriente Medio pero con ganancias del 54% en el año previo, cayó un 11%. Es el mismo mecanismo que explica por qué los activos más volátiles y especulativos del mercado estadounidense, los que más habían subido en el ciclo, son los que más están sufriendo ahora.

Los datos históricos de Goldman son tranquilizadores a medio plazo: el impacto mediano del MSCI EM en los tres precedentes comparables más recientes (Abqaiq-Khurais 2019, Ucrania 2022, Israel-Irán junio 2025) fue del -1%. La excepción fue la guerra de Ucrania (-8%), que combinó shock energético con sanciones financieras directas.

El episodio actual se asemeja más a los otros dos. Goldman mantiene su objetivo de 1.680 puntos para el MSCI EM (desde los 1.504 actuales), con un retorno potencial del 14% en dólares incluyendo dividendos. Las oportunidades post-corrección más concretas que identifica son: productores de energía upstream en Asia y Latinoamérica como beneficiarios directos del shock, Brasil y Sudáfrica como mercados cíclicos con valoraciones atractivas tras las caídas; y Corea y Taiwán para aprovechar la temática de IA y semiconductores a precios más razonables. Vale la pena recordar que 2026 había sido hasta el shock el mejor año para los flujos hacia emergentes en dos décadas (+57.000 millones en dos meses): las salidas de esta semana son significativas pero no revierten el tono positivo del año.

La semana: los datos que importan

Más allá de lo que haga el conflicto, esta semana tiene una agenda macro densa que puede mover los mercados con independencia de Oriente Medio. Tres citas concentran el mayor peso informativo, y las tres llegan en un momento en el que el mercado está especialmente sensible a cualquier dato que confirme o contradiga el escenario de tipos.

El miércoles llega el CPI de febrero. El mercado lo interpretará inevitablemente en el contexto del petróleo: un dato de inflación más alto de lo esperado, combinado con la subida del crudo, podría alejar definitivamente la primera bajada de la Fed más allá de julio y reactivar la narrativa de "tipos altos por más tiempo", que es la que más daño hace a los activos de crecimiento y la que más puede amplificar la corrección técnica que describo en la sección anterior.

El viernes es el dato más importante de la semana: el informe de renta personal y gasto de enero, que incluye el PCE core, la métrica de inflación favorita de la Fed. Si el PCE no cede desde el entorno del 3%, el debate sobre recortes de tipos en 2026 puede tener que volver a reencuadrarse. Este informe también es el más completo sobre el gasto del consumidor americano, que hasta ahora ha sostenido el ciclo económico casi en solitario. Si el gasto empieza a flaquear al mismo tiempo que el empleo de febrero decepciona, Goldman tendrá que revisar su estimación de PIB.

En el terreno de los resultados empresariales, el martes reporta Oracle (ORCL), uno de los nombres más vigilados del ciclo de IA. Los hyperescaladores están comprometiendo capex con Oracle a un ritmo que los analistas no esperaban hace seis meses, convirtiéndolo en un barómetro de primer orden del gasto real en infraestructura de IA. Cualquier revisión al alza de guías será leída como confirmación estructural del ciclo. Si Oracle decepciona, el rebote del software de esta semana puede revertir con rapidez. El otro nombre relevante es Adobe (ADBE), que dará pistas sobre si la monetización de la IA en software de creación está acelerando o todavía busca tracción.

Mi posicionamiento y los niveles que vigilaré esta semana

Mi postura es de máxima precaución. Mantengo una posición de efectivo importate. El jueves, con el SPY rebotando hasta 681 dólares, inicié coberturas que han resultado oportunas dado el comportamiento del viernes. Los niveles concretos que vigilaré los próximos días: 670 dólares en SPY (si pierde, el objetivo natural son 650) y 70 dólares en ARKK (una ruptura por debajo abre recorrido bajista significativo). Estos dos niveles me darán mucha información sobre si la ruptura bajista se confirma o si el mercado se estabiliza en el rango.

El núcleo anti-frágil de la cartera son Energía y Químicos: si el conflicto escala, caen menos que el mercado o pueden subir, si aparecen señales de resolución, los reduciré tácticamente (primero Energía, luego Químicos, ya que los márgenes de producto tardan más en normalizarse). En Defensa y Aeroespacial, postura de añadir en oportunidades claras, y esto se alinea bien con la tesis de Goldman para el sector europeo. En Software e IGV, vigilancia activa para compras en retrocesos, con Microsoft a la cabeza de la lista.

El Russell 2000 ha llegado a su zona objetivo de 2.520 puntos (el mínimo del viernes fue 2.518), pero con momentum deteriorado y señales incompletas no descarto un test adicional hacia 2.450 antes de ver una estabilización real. Los bancos regionales (KRE) también han llegado a niveles técnicos de interés y podrían estabilizarse antes que el mercado amplio, lo que los convertiría en un indicador adelantado de un giro general. El Bitcoin dibuja una posible bandera bajista tras el fracaso del intento de ruptura alcista: me interesa mucho si retesta los mínimos en el contexto de una nueva oleada de ventas en bolsa. No estoy actuando todavía.

Los modelos cuantitativos están entrando en zona de sobreventa, pero quiero ser preciso: entrar en sobreventa y alcanzar sobreventa extrema son cosas muy distintas. Los modelos siguen en señal de venta. Cuando giren al alza, valorare las condiciones de mercado y ejecutaré el plan. Ni un momento antes.

La síntesis: Goldman dibuja el destino, yo espero la señal de salida

Goldman Sachs y mi visión táctica no se contradicen. Hablan en frecuencias distintas y las dos pueden ser correctas al mismo tiempo.

Goldman mira a doce meses y ve fundamentos sólidos: el BPA del S&P crecerá un 12% en 2026, la IA es el motor dominante del ciclo de beneficios (40% del crecimiento total en 2026), los shocks geopolíticos históricamente se resuelven en semanas, y los mercados emergentes ofrecen un retorno potencial del 14% desde niveles actuales. Ese cuadro me parece robusto y no lo cuestiono.

Yo miro a dos o cuatro semanas y veo señales técnicas incompletas, un riesgo de liquidación en crédito privado que todavía no tiene precio en los mercados públicos, posicionamiento en volatilidad que puede amplificar cualquier movimiento bajista, y un mercado que estadísticamente no ha terminado de ajustar. El porcentaje de valores cotizando por encima de su media de 50 días no muestra lecturas extremas. El consenso del mercado sigue siendo optimista: "comprar en la debilidad, el S&P va a 8.000". Esa combinación de señales incompletas más consenso alcista es exactamente lo que hace que el riesgo sea no lineal: si las cosas se tuercen un poco más, el ajuste en posicionamiento puede ser brusco.

La trampa en la que no quiero caer, y que os señalo porque creo que es donde más gente se va a hacer daño en las próximas semanas, es la de usar el argumento de Goldman ("el mercado se recupera históricamente en un mes") para tomar decisiones tácticas hoy, antes de que las señales de giro se hayan activado. El resultado es comprar demasiado pronto y absorber toda la volatilidad del camino antes de ver la recuperación que Goldman proyecta.

Cuando el petróleo active su sell cross de medias, cuando el VIX empiece a ceder desde niveles elevados y cuando mis modelos de momentum giren al alza, habrá tiempo suficiente para construir posiciones con convicción dentro del horizonte constructivo que Goldman dibuja para los próximos doce meses. El mercado siempre da una segunda oportunidad a los que mantienen liquidez. La pregunta es si vosotros la vais a tener.

Julio Estella de la Rica

Gestor Patrimonial

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