Buenos días, ayer el mercado americano estuvo cerrado, por lo que voy a utilizar el correo de hoy para resumir varios artículos que he leído durante el fin de semana.
2026: El año en que lo real vuelve a importar
Llevamos una década donde ganar dinero significaba apostar por lo intangible: plataformas tecnológicas, software, crecimiento a cualquier precio. Ese ciclo se está agotando.
Los análisis que he leído recientemente de Deutsche Bank y Goldman Sachs apuntan en la misma dirección: 2026 marca el inicio de una rotación profunda hacia lo físico (energía, materias primas, infraestructura) mientras Estados Unidos inyecta liquidez masiva a través de la ley OBBB (One Big Beautiful Bill) y el liderazgo bursátil se desplaza hacia Asia.
En este análisis profundizo en las tres fuerzas que están redefiniendo el tablero y cómo posicionarse ante ellas.
El choque de liquidez que pocos están calculando bien
La ley OBBB no es solo un paquete fiscal más. Es un error administrativo convertido en estímulo accidental.
¿Qué ocurrió? Las tablas de retención de impuestos no se actualizaron en 2025 para reflejar las nuevas reglas, lo que provocó que millones de estadounidenses pagaran de más durante todo el año. Ahora, entre febrero y abril, ese exceso vuelve a sus bolsillos en forma de reembolsos extraordinarios.
Los números que maneja Deutsche Bank:

Esto significa entre $20.000 y $40.000 millones de dólares potencialmente entrando en los mercados en un trimestre.
Pero cuidado con extrapolar 2021. Aquel año, los cheques de estímulo llegaron a hogares confinados, con pocas opciones de gasto y mucho tiempo para operar desde el móvil. El resultado fue una oleada especulativa sin precedentes. En 2026 el contexto es otro: la economía está abierta, el dinero tiene más destinos posibles, y el impacto en bolsa será real pero más diluido.
Aun así, el sesgo direccional es alcista para activos de riesgo, especialmente en acciones de alta beta y en aquellas con elevado interés en corto, donde la actividad en opciones puede amplificar los movimientos.
El dinero vuelve a lo que puedes tocar
Goldman Sachs ha puesto nombre a lo que muchos intuíamos: «Getting Real». La tesis es simple pero profunda: el ciclo de dominio de los activos intangibles (software, plataformas, crecimiento sin beneficios) está dando paso a uno donde manda lo físico.
La paradoja es que el catalizador de este giro es precisamente la tecnología más intangible de todas: la inteligencia artificial. Pero la IA necesita cosas muy reales para funcionar. Centros de datos. Cobre. Energía. Mucha energía. El CapEx masivo en infraestructura de IA está revalorizando sectores que llevaban años siendo los “aburridos” del mercado.
A esto se suma un entorno de inflación persistente y tipos reales positivos, que penaliza a las empresas que prometen beneficios a diez años vista y premia a las que generan caja hoy y tienen poder de fijación de precios.
El mercado ya está reflejando este cambio. Mientras el S&P 500 acumula un discreto -0,3% en lo que va de año, el contraste con Asia es llamativo:

Japón lidera impulsado por factores políticos internos y un yen que se ha fortalecido frente al dólar. Los emergentes se benefician de ciclos de exportación renovados y menor presión cambiaria. Estados Unidos, mientras tanto, digiere años de sobreponderación extrema en tecnología y la incertidumbre sobre aranceles.
El mensaje es claro: la diversificación geográfica ha dejado de ser una frase de manual para convertirse en alfa real.
Humanos cautelosos, algoritmos comprados: una divergencia peligrosa
Aquí está una de las señales más relevantes del momento actual, y probablemente la menos comentada.
Los gestores discrecionales (los que toman decisiones basadas en fundamentales y análisis) han reducido su exposición a renta variable hasta niveles de infraponderación. El sentimiento alcista se ha desplomado en menos de dos semanas, con un 77% de respuestas bajistas en las encuestas, máximo de once semanas. El dinero que piensa está en modo espera.
Mientras tanto, las estrategias sistemáticas (CTAs, fondos de control de volatilidad, risk parity) mantienen posiciones largas sustanciales. Estos fondos no opinan, siguen reglas, tendencias y señales de volatilidad. Y ahora mismo son el principal soporte del mercado.
¿Por qué importa esta divergencia?
Porque crea una vulnerabilidad técnica. Los fondos sistemáticos tienen gatillos automáticos: si la volatilidad sube o el mercado cae más de un 2%, empiezan a vender mecánicamente. Deutsche Bank estima que un movimiento así podría forzar liquidaciones de hasta $10.000 millones en un solo ajuste. Sumar la posición corta que tienen los gestores activos sobre el VIX…
Y si eso ocurre, ¿quién compra? Los discrecionales ya están infraponderados y no parecen tener prisa por aumentar riesgo. No hay red de seguridad humana esperando para entrar. El mercado funciona mientras la tendencia se mantenga. Pero si algo la rompe, la corrección podría amplificarse precisamente porque los que deberían amortiguar ya no están ahí.
Dónde se está moviendo el dinero (y dónde no)
La rotación sectorial es visible a simple vista. Energía ha pasado de ser el sector olvidado a la mayor sobreponderación del mercado. No es solo por el precio del crudo, es el reconocimiento de que sin energía abundante y fiable no hay revolución de IA posible.

Lo llamativo está en las ausencias. Financieros y consumo discrecional siguen infraponderados a pesar de que los flujos hacia fondos de materiales e industriales están creciendo. Esto deja espacio para un rally de “persecución” si los datos macro siguen sorprendiendo al alza: hay dinero que aún no ha entrado.
Y luego está tecnología. El posicionamiento ha caído a niveles neutrales por primera vez en años. No significa que la IA haya dejado de importar (sigue siendo el tema central) sino que el mercado está empezando a distinguir entre empresas que queman capital en IA y empresas que generan retornos con ella.
La consecuencia práctica: el mercado se está ganando amplitud. Las pequeñas y medianas capitalizaciones que suministran los componentes físicos de la revolución digital están ganando atención frente a las plataformas de software con valoraciones estratosféricas. Es el «Getting Real» llevado a la selección de valores.
El escenario base: crecimiento resistente, pero con asterisco
Las proyecciones de Goldman Sachs dibujan una economía global que se desacelera sin romperse. El PIB mundial crecería un 2,9% en 2026, con Estados Unidos sorprendiendo al alza (2,7% frente al 2,4% del consenso) gracias al impulso del consumo y la inversión empresarial.

En beneficios corporativos el panorama es aún más favorable. Se espera un crecimiento del 14% en el EPS del S&P 500, mientras que emergentes y Asia-Pacífico podrían ver expansiones cercanas al 30%, impulsados por exportaciones y un dólar que ha dejado de fortalecerse.
Pero aquí viene el asterisco: los aranceles.
La Tax Foundation advierte que las políticas arancelarias vigentes en 2026 amenazan con anular gran parte del impulso fiscal de la OBBB. Es el escenario «estímulo contra fricción»: liquidez entrando por un lado, costes de importación subiendo por el otro.
Las implicaciones son incómodas. Si la inflación se mantiene por encima de los objetivos de los bancos centrales (algo probable en este contexto, sobre todo en EE.UU.) la política monetaria tendrá menos margen para relajarse. Y si hay menos recortes de tipos de los esperados, las valoraciones actuales de muchos activos quedan en entredicho. No es el escenario base, pero es el riesgo que el mercado aún no está descontando del todo.
El juego dentro del juego (y cómo posicionarse)
Hay un elemento que añade combustible a todo esto: la especulación táctica en el mercado de opciones.
Parte del dinero de los reembolsos fiscales está fluyendo hacia lo que los analistas llaman inversores “momentum” : acciones de empresas no rentables, pequeñas capitalizaciones con alto interés en corto, y sectores que se perciben como beneficiarios directos de la OBBB. El volumen de calls en consumo cíclico está elevado, y las cestas de acciones más shorteadas están batiendo temporalmente al mercado.
Esto no es una señal de fortaleza fundamental. Es especulación alimentada por liquidez. Pero crea oportunidades tácticas para quien sepa leerlo, y riesgos de volatilidad súbita cuando el flujo se agote.
¿Qué hacer con todo esto?
El panorama de 2026 es de transición, no de ruptura. La economía aguanta, pero el liderazgo del mercado está cambiando.
Diversificar hacia lo tangible. La tesis «Getting Real» no es una moda pasajera. Energía, materiales, infraestructura y oro merecen una asignación mayor de la que probablemente tienen en tu cartera. Son a la vez cobertura contra inflación y beneficiarios del CapEx en IA (principal riesgo es que veamos a los hyperescaladores anunciar recortes de inversión).
Aprovechar el sesgo estacional en EE.UU. Entre febrero y mayo, los reembolsos fiscales crean un viento de cola para la renta variable estadounidense. Consumo discrecional y financieros orientados al consumidor podrían sorprender.
Ser selectivo con tecnología. El mercado ya no premia la promesa de IA, sino los retornos sobre ella. Rotar hacia los habilitadores físicos (centros de datos, red eléctrica, semiconductores…) tiene más sentido que perseguir plataformas de software con múltiplos estratosféricos.
Mirar hacia Asia. Japón y los emergentes asiáticos ofrecen valor relativo frente a un mercado estadounidense caro y concentrado. La debilidad del dólar es el catalizador a monitorizar.
No ignorar la fragilidad técnica. La divergencia entre inversores discrecionales (cautelosos) y sistemáticos (comprados) crea riesgo de correcciones amplificadas. Mantener algo de liquidez.
Julio Estella de la Rica
Gestor Patrimonial
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