Hay momentos en los mercados en los que el ruido es tan alto que cuesta distinguir la señal. Enero y febrero de 2026 están siendo exactamente eso: mucho movimiento, titulares contradictorios y la sensación de que cada semana el guión cambia. Pero si te sientas, aprietas el zoom y miras con distancia, el mercado lleva semanas diciendo algo muy concreto. Y lo dice en voz alta.

"Enséñame el dinero."

No proyecciones. No narrativas. No promesas de crecimiento futuro. Beneficios reales, hoy, ahora.

Este post trata de eso: de entender el idioma que está hablando el mercado en este momento, de los focos de riesgo que merecen atención y de dónde creo que están las oportunidades más interesantes para los próximos meses.

El gran engaño de las acciones basura

Empecemos por algo que me parece especialmente relevante y que muy poca gente está comentando.

JPMorgan publicó esta semana un dato que, si lo entiendes bien, lo dice todo sobre el estado del mercado: el nivel de concentración de inversores institucionales en acciones de baja calidad (lo que en la jerga anglosajona llaman "trash stocks") está en el percentil 99,1% de toda la serie histórica desde 1990. Para ponerlo en contexto: ese nivel solo se ha visto en momentos como el pico de la burbuja tecnológica del año 2000, justo antes del crack de 2008, y en el techo del ciclo de euforia por la IA y los LLMs en años recientes.

¿Qué significa esto en la práctica? Que una cantidad enorme de dinero institucional está aparcada en compañías de dudosa calidad financiera, muchas de ellas sin beneficios reales, sostenidas durante meses por narrativas de crecimiento y por el momentum que genera precisamente esa saturación de compradores.

El problema es que esas mismas acciones tocaron techo en octubre de 2025, hace ya cuatro meses. Y lo que vemos ahora es una combinación peligrosa: inversores que siguen en esas posiciones con pérdidas latentes (o con ganancias que ya se evaporaron), incapaces de salir porque su cerebro les dice que "ya recuperará" (sesgo de anclaje) y porque el mercado en general ha seguido subiendo, lo que hace que la posición no duela lo suficiente para tomar la decisión de salir (sesgo de actualidad).

Cuando esa salida se produzca de forma masiva, la corrección en ese segmento puede ser significativa. No es una predicción, es una reflexión sobre el riesgo latente que hay ahí.

Los que sí están ganando dinero (y por qué importa)

Mientras tanto, hay una historia completamente diferente que se está desarrollando en paralelo, y esta sí es constructiva.

El Russell 2000 (el índice de pequeñas compañías estadounidenses) acumula en 2026 una rentabilidad de alrededor del +7,5%, batiendo al S&P 500 en más de 7 puntos porcentuales. Pero el dato que más me interesa no es ese. Es lo que hay dentro de ese rendimiento.

Si separas las compañías rentables de las no rentables dentro del Russell, el resultado es contundente: las empresas con beneficios reales acumulan +8% en el año, mientras que las no rentables están planas. Es decir, prácticamente todo el rendimiento del índice viene de compañías que generan dinero de verdad. Las que viven de promesas, de dilución de capital y de rondas de financiación se han quedado exactamente donde empezaron el año.

Esto conecta con otra señal que me parece especialmente reveladora: el SPHQ (el ETF de S&P 500 de calidad de Invesco) acumula +7% en el año y está en máximos históricos, sin prácticamente volatilidad. Un ETF que selecciona compañías por criterios de calidad financiera haciéndolo mejor que el índice general y sin los vaivenes que caracterizan a los sectores de mayor especulación.

El mercado no está siendo aleatorio. Está siendo muy selectivo. Y está premiando exactamente lo que tiene que premiar: calidad, rentabilidad y visibilidad de beneficios.

 

Los sectores que hay que vigilar

No todo es positivo, obviamente. Hay focos de tensión que merecen seguimiento.

El sector financiero americano (XLF) ha roto esta semana por debajo de una estructura de consolidación que llevaba varios meses construyendo. Es el peor sector del S&P 500 en lo que va de año, y el daño viene principalmente de compañías ligadas al private equity y de aquellas con modelos de negocio percibidos como vulnerables a la disrupción de la IA. Lo interesante es que en esa venta indiscriminada han caído también nombres de enorme calidad como Goldman Sachs, JPMorgan o Morgan Stanley, que no tienen nada que ver con esos riesgos específicos. Si XLF rebota a corto plazo y ese rebote fracasa, podría convertirse en una señal de alerta para el mercado en general. Si por el contrario estabiliza, esos nombres de calidad serían una oportunidad clara.

La tecnología (XLK) sigue siendo el segundo peor sector del año, moviéndose lateralmente y sin encontrar catalizador. El consumo discrecional (XLY) está testando su media de 200 sesiones, con el peso de Amazon y Tesla (ambas alrededor del -9% en el año) haciendo difícil que avance.

Y luego está el VIX. El índice de volatilidad implícita lleva semanas rondando los 20 puntos, una zona incómoda que no genera señales claras en ninguna dirección. Los spreads de crédito siguen ampliándose, aunque todavía por debajo de los niveles de estrés de noviembre. Son señales de precaución, no de pánico, pero conviene tenerlas en el radar.

Dónde creo que están las oportunidades

Los bancos regionales americanos (KBE y KRE) siguen en tendencias alcistas bien definidas y están retrocediendo hacia niveles de soporte que merecen atención. Si estabilizan en esos rangos, sería una señal muy positiva para el conjunto del mercado, incluso aunque la tecnología siga lateral. Los bancos son el pulso de la economía real, y cuando aguantan en medio de ruido, suele ser una buena señal.

En el software empresarial (IGV), algo interesante ocurrió el lunes de esta semana: el índice alcanzó el nivel objetivo que llevaba semanas en el radar, con una narrativa de capitulación total, titulares catastrofistas y ventas indiscriminadas. Ese tipo de momento, cuando todos huyen, suele ser precisamente donde se construyen las mejores posiciones. Hay un matiz adicional relevante: Anthropic ha señalado esta semana que su modelo puede ser el de un habilitador de las grandes compañías de software, no un disruptor. Si el resto de los grandes laboratorios de IA sigue ese camino, el impacto en la valoración del sector podría ser muy significativo. Estoy mirando con especial atención ciberseguridad y los líderes de software que han sido penalizados de forma injustificada.

Y luego está el Russell 2000 en sí mismo. Está comprimido en un rango muy estrecho entre sus principales medias móviles. Si hubiera una ruptura táctica a la baja, los niveles de soporte que aparecerían serían, en mi opinión, una oportunidad de entrada agresiva. El tipo de momento en el que conviene estar preparado y actuar con convicción.

La lectura de fondo

Si tuviera que resumir en una idea lo que el mercado nos está diciendo en este momento, sería esta:

Estamos en una fase de transición. La era en la que cualquier compañía con una narrativa de IA y una hoja de ruta brillante cotizaba a múltiplos estratosféricos ha terminado (o está terminando). El capital está rotando hacia donde hay rentabilidad real, hacia donde los balances son sólidos y hacia donde los beneficios no dependen de que todo salga perfecto en los próximos cinco años.

Eso no significa que la tecnología o el crecimiento estén muertos. Significa que el listón ha subido. Las compañías que van a liderar el próximo tramo alcista son aquellas que combinan visibilidad de beneficios con potencial de aceleración. No las que tienen la historia más bonita, sino las que tienen los números más sólidos.

En ese entorno, la paciencia es una ventaja competitiva. Esperar a que las señales se alineen, tener el plan hecho antes de que llegue la oportunidad y actuar con decisión cuando el mercado te da la oportunidad.

Seguimos atentos.

Julio Estella de la Rica

Gestor Patrimonial

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