Buenos días,

A simple vista, parecía un martes más.

El S&P 500 apenas cedió un -0,21%. El Nasdaq terminó plano. El Dow se dejó un suspiro. Nada que asuste a quien mira el mercado por encima, entre café y correo.

Pero debajo de esa superficie tranquila, el suelo crujía.

Siete de cada diez valores del S&P 500 cerraron en rojo. El equiponderado cayó cuatro veces más que el índice tradicional. Es decir: el escaparate seguía limpio, pero dentro de la tienda ya había humo. Otra vez fueron las gigantes las que sostuvieron la fachada. NVDA, META y compañía hicieron de muro. La economía real, en cambio, habló con otro tono: pequeñas compañías flojas, transportes débiles, amplitud devastada.

Eso es lo inquietante de este mercado.

No siempre cae gritando. A veces cae en silencio.

Y hoy, con el CPI de febrero en Estados Unidos a las 14:30 hora española, esa calma puede romperse de golpe.

El dato que puede cambiar el humor del año

Hay días en los que un dato macro es simplemente un dato.

Y luego están los días como hoy.

El consenso espera un CPI del +0,3% mensual en el dato general y +0,2% en el subyacente. Goldman es algo más optimista: +0,18% y +0,17%. Bank of America, algo más duro: +0,27% y +0,26%. Solo esa dispersión ya dice bastante. Nadie tiene del todo claro cuánto ruido hay y cuánta inflación real sigue viva bajo la alfombra.

Porque aquí no se juega solo una décima.

Se juega la narrativa de tipos para lo que queda de año.

Si el dato sale por encima de lo esperado, en un contexto donde la gasolina en EEUU acaba de marcar máximos desde mediados de 2024 y Oriente Medio sigue encendido, el mercado puede empezar a asumir que los recortes se aplazan todavía más. No porque la Fed vaya a moverse el 18 de marzo (eso está prácticamente descartado) sino porque el segundo semestre podría dejar de parecer tan benigno.

Si sale en línea o mejor, habrá alivio. Bonos respirando. Growth encontrando oxígeno. Y quizá un rebote táctico que dé algo de tregua.

Pero esa tregua no vendrá gratis.

El Golfo sigue mandando

Mientras muchos miran el dato de inflación, el mercado sigue mirando al mapa.

La guerra en el Golfo continúa siendo el gran driver de fondo. Ayer, tras el cierre, Trump enfrió cualquier esperanza de desenlace rápido con una frase sencilla y bastante incómoda: no hemos ganado suficiente, vamos a ir más lejos.

Esa frase bastó para pesar sobre los futuros del S&P y para recordar algo básico: ahora mismo, cualquier modelo vale menos que un titular.

Ayer el crudo WTI llegó a superar los 90 dólares y luego se desplomó un -12% hasta 83,45. Una banda intradía de 15 dólares. Eso no es análisis técnico. Eso es mercado reaccionando en tiempo real a rumores, desmentidos, miedo y geopolítica.

Durante unas horas, incluso parecía que podía haber alivio. Un post del secretario de Energía Chris Wright, después borrado, sugería que la Marina estadounidense había escoltado tanqueros por el Estrecho de Hormuz. Los índices intentaron recuperarse. Cuando la noticia se desinfló, también lo hizo el rebote.

Así está todo.

Un clic, un titular, un misil, una negación... y el precio cambia de dirección.

La fachada tecnológica sigue en pie

En medio de todo ese ruido, las grandes tecnológicas volvieron a hacer lo que mejor saben hacer en mercados nerviosos: aguantar la estructura.

NVDA subió un +1,16%. META, un +1,03%. Los Mag-7, en conjunto, avanzaron un +0,4% y ya suman un +1,5% en la semana. El índice de semiconductores SOXX ganó un +0,7%.

No es una señal de fortaleza general.

Es más bien una señal de concentración.

Cuando el dinero no quiere asumir demasiado riesgo, pero tampoco quiere salir del todo del mercado, se refugia donde cree que hay crecimiento visible, caja, narrativa y liquidez. Ahora mismo, ese refugio sigue teniendo nombre de megacap. Large Growth resiste casi plano. Todo lo demás, especialmente la parte media del mercado, sufre bastante más.

Eso explica la sensación extraña de estos días: los índices parecen soportables, pero la mayoría de las acciones no lo están pasando bien.

La amplitud cuenta la verdad que el índice disimula

Si solo miras el titular del cierre, te pierdes la historia.

En el S&P 500, solo avanzó el 29,6% de los valores. En el Nasdaq 100, el 41%. En el Dow Transports, apenas el 25%.

Esa amplitud encaja más con una sesión de caída seria, del -1% o peor, que con un día prácticamente plano. Por eso la lectura real es más frágil de lo que parece. La mejora en nuevos máximos menos nuevos mínimos existe, sí, y conviene reconocerla. Pero sigue siendo una mejora menor dentro de una estructura débil.

La señal, como mínimo, sigue en amarillo.

Y con la gamma negativa, ese amarillo puede girar a naranja muy rápido.

Bonos: aquí también se está tensando la cuerda

Mientras la renta variable intenta fingir normalidad, el mercado de bonos lleva días diciendo algo mucho más incómodo: quizá no haya tantos recortes como se prometían hace unos meses.

La rentabilidad del Treasury a 10 años subió hasta el 4,16%, el cierre más alto desde el 12 de febrero. La del 2 años ronda el 3,59%, solo unos puntos básicos por debajo del tipo oficial. El mensaje es claro: el mercado ya descuenta muy pocos movimientos adicionales a la baja.

De hecho, los futuros solo descuentan 38 puntos básicos de bajada durante 2026, mínimos del año. Un recorte tiene probabilidad alta. Dos, ya mucho menos. Tres, casi suenan a nostalgia.

Y luego llegó la subasta de bonos a 3 años.

Fue la peor del año.

Porcentaje de cobetura bajo, menor participación extranjera, desplome de la demanda directa y dealers cargando con casi una quinta parte de la emisión. Traducido: el mercado exige más premio para financiar a Estados Unidos justo cuando el déficit sigue siendo gigantesco y la geopolítica añade presión.

Es una mala combinación.

Porque la irresponsabilidad fiscal se tolera mejor cuando el mundo está tranquilo. Cuando el mundo arde, sale más cara.

Pero en la renta fija empieza a aparecer algo que hacía tiempo no se veía: oportunidad

No todo en bonos es amenaza.

De hecho, las caídas recientes han abierto una ventana interesante en crédito investment grade . Cuando el carry se mueve en la zona del 3,5%-4,5%, dependiendo de la duración, la matemática empieza a ponerse seria. Ya no hace falta que todo salga perfecto para obtener una rentabilidad razonable.

Basta con que no salga todo mal a la vez.

Ese matiz importa.

Porque si la Fed finalmente recorta en el segundo semestre, el inversor no solo cobra cupón: también puede beneficiarse de la revalorización del precio. Y si los tipos no bajan tan rápido, el carry ya amortigua parte del golpe.

No parece el momento de entrar de golpe. Hoy hay CPI. Esta tarde, subasta a 5 años. Y el conflicto en Oriente Medio puede cambiar de tono en cualquier momento. Pero sí parece razonable construir posición poco a poco, por tramos, aprovechando repuntes de TIR.

No como apuesta heroica.

Como gestión de cartera con sentido común.

El petróleo manda, el oro vigila, el bitcoin espera

El gran protagonista en materias primas sigue siendo el crudo.

Aunque cerró en 83,45 dólares tras desplomarse un -12%, la clave está más adelante. La curva a seis meses sigue cerca de 80 dólares, lo que sugiere que el mercado no cree todavía en una disrupción permanente. Goldman estima un fair value muy distinto según duración del shock: bastante más benigno si dura 30 días, mucho más agresivo si se extiende a 60.

Ahí está el partido real.

No en el precio de ayer, sino en cuántas semanas dure el miedo.

Hay además un detalle estratégico relevante: EEUU exporta más petróleo del que importa. Eso hace que un petróleo alto sea relativamente menos dañino para su economía que para otras regiones. Y ayuda a entender por qué la bolsa americana resiste mejor que otras cuando llega un shock energético.

Mientras tanto, el oro sube con claridad y actúa como siempre en estos momentos: como termómetro de desconfianza. El cobre encadena una lectura algo más constructiva, lo que deja una pequeña puerta abierta para la tesis de crecimiento global. El gas natural cae. El bitcoin sigue atrapado en una caja sin ruptura ni fallo reseñable.

Y luego está la gasolina.

3,539 dólares por galón en EEUU. Máximos desde mediados de 2024. Un +21% en un mes.

Ese dato no entra de lleno en el CPI de hoy. Entrará más en el de marzo.

Y ahí es donde la geopolítica se convierte en algo que ya no solo se discute en terminales, sino en surtidores.

La macro no está rota, pero tampoco está cómoda

Eso también conviene decirlo.

Porque entre tanta tensión, los datos de economía real no son desastrosos. Más bien al contrario.

Las ventas de viviendas de segunda mano en febrero sorprendieron al alza. La asequibilidad mejoró. Los salarios crecen más rápido que los precios de la vivienda. Los tipos hipotecarios son materialmente más bajos que hace un año. Y el porcentaje de compradores primerizos también subió.

Es decir: hay partes de la economía que siguen funcionando.

El ADP semanal de empleo también fue mejor de lo esperado, con el mejor dato en meses. Así que el soft landing aún no ha muerto. Sigue teniendo argumentos, aunque ahora compita contra un ruido geopolítico mucho más fuerte.

Por eso el CPI de hoy es tan importante.

No porque vaya a cambiar la decisión de marzo.

Sino porque puede decidir qué relato domina: el de una inflación que vuelve a despertar o el de una economía que aún puede enfriarse sin romperse.

Oracle le recordó al mercado que la IA no se ha ido a ninguna parte

Y entonces, anoche, llegó Oracle.

En un mercado que busca desesperadamente algo sólido a lo que agarrarse, Oracle ofreció exactamente eso: números.

Ingresos del trimestre por 17.200 millones de dólares frente a 16.900 esperados. BPA de 1,79 dólares frente a 1,70. Pero el verdadero gancho estuvo en cloud infraestructura: crecimiento del +84%, acelerando desde el +68% del trimestre anterior y por encima de lo que esperaba el mercado.

El mensaje fue cristalino.

La demanda de infraestructura para IA sigue superando a la oferta.

También destacó el RPO, que subió hasta 553.000 millones de dólares, y un CapEx muy por encima de lo previsto. En otro contexto, ese gasto habría asustado. Aquí, refuerza la idea de que Oracle está invirtiendo porque el mercado le está pidiendo más de lo que puede servir.

La guía para FY27 también superó expectativas.

Oracle lleva años intentando convencer al mercado de que podía jugar en la misma liga que AWS, Azure y Google Cloud. Esta vez no lo explicó. Lo demostró. Y por eso subió con fuerza en el after hours.

En un entorno así, eso vale oro.

Otras historias del día: medicina, coches eléctricos y salidas dolorosas

Vertex también brilló tras resultados positivos en un ensayo de fase tardía para nefropatía por IgA. Es el tipo de noticia que el mercado premia porque tiene algo que hoy escasea mucho: una tesis verificable.

Rivian subió tras una mejora de recomendación y con el foco puesto en el futuro R2 SUV, más barato y potencialmente más masivo. Hims & Hers avanzó gracias al acuerdo con Novo Nordisk, que reduce de golpe el gran riesgo legal que tenía encima.

En el otro lado, Centene fue el peor valor del S&P 500. Fair Isaac cayó con fuerza. Y BioNTech se desplomó después de anunciar que sus fundadores abandonan la empresa para lanzar una nueva compañía independiente, justo en medio de un trimestre negativo. Cuando los fundadores se van y los números no acompañan, el mercado suele interpretar lo peor.

Además, Amazon, Salesforce y Honeywell Aerospace salieron a emitir deuda por importes masivos.

Leído de forma simple, parece una advertencia.

Leído bien, también es una señal de funcionamiento.

Porque incluso con todo este telón de fondo, la financiación corporativa sigue abierta. Los spreads no se han roto, aunque si ampliado. El sistema, por ahora, sigue respirando.

Técnicamente, el mercado camina sobre una tabla estrecha

El S&P 500 intentó recuperar la media de 100 sesiones y fracasó. Cerró lejos de ese nivel, con MACD y RSI aún débiles. La media de 200, en la zona de 6.591, se ha convertido en la línea de supervivencia.

Por arriba, superar la MA100 sería la primera señal real de alivio.

Por abajo, perder la MA200 con volumen cambiaría bastante el tono de esta corrección.

El Nasdaq dejó una señal algo menos negativa, pero insuficiente. El Russell 2000 tampoco ofrece una estructura de compra. Y lo más importante no está solo en el gráfico, sino en la mecánica del mercado: la gamma ha girado a negativo por primera vez desde abril de 2025.

Eso significa una cosa muy práctica.

Cuando el mercado cae, los dealers tienen que vender más para cubrirse.

Cuando sube, también puede moverse con violencia.

La gamma negativa no dice hacia dónde vamos. Dice que, cuando nos movamos, probablemente lo haremos más de la cuenta.

Y si a eso se le suma un VIX elevado, un VVIX muy por encima de la zona de estrés y un skew put/call en máximos de cuatro años, la foto es difícil de maquillar: el mercado está comprando protección de forma agresiva.

Nadie se cree todavía el “todo despejado”.

El riesgo silencioso: los flujos que pueden empujar la caída

Aquí entra otro actor que no sale en los titulares, pero sí en las ventas automáticas: los CTAs.

Goldman estima que, con el mercado plano, podrían vender más de 21.000 millones de dólares la próxima semana y más de 31.000 millones en el próximo mes. Si la caída se acelera, esas cifras se agrandan. Solo un rebote suficientemente potente cambiaría ese flujo de signo.

Traducido a lenguaje humano: si el mercado tropieza, hay máquinas preparadas para empujarlo un poco más.

Y eso convierte el CPI de hoy en algo más que un dato.

Lo convierte en una posible chispa dentro de una sala con vapores.

Entonces, ¿qué escenario domina?

Ahora mismo, el más probable sigue siendo un punto intermedio.

Un CPI en línea o algo mejor que permita un rebote táctico. Un petróleo volátil, sí, pero sin una disrupción mayor en Hormuz. Oracle sosteniendo la narrativa IA. Un movimiento de alivio hacia la media de 100 sesiones.

Sería un rebote, no una victoria.

El escenario negativo sigue muy vivo: un CPI más caliente de lo esperado, una escalada clara en el Golfo, pérdida de la MA200 y aceleración bajista amplificada por gamma corto y ventas sistemáticas.

El escenario positivo sorpresa existe, pero no es la base: una pausa diplomática, petróleo desplomándose, expectativas de inflación enfriándose y el mercado disparándose al alza. Posible. Poco probable. Demasiado limpio para el momento actual.

Qué hacer cuando el mercado parece tranquilo pero no lo está

La respuesta, hoy, probablemente sea menos heroica de lo que muchos querrían.

No parece momento de hacer grandes ajustes antes del CPI.

Tampoco parece momento de lanzarse a comprar renta variable porque sí. No hasta ver cómo digiere el mercado el dato y si Oriente Medio da, de verdad, alguna señal de desescalada.

Y mientras ese entorno se aclara, donde sí empieza a verse una oportunidad táctica más limpia es en la renta fija investment grade, entrando con paciencia, por tramos, dejando que el carry trabaje.

A veces invertir no va de adivinar el próximo titular.

Va de colocarte decentemente mientras el humo se disipa.

El verdadero mensaje del día

La calma del índice no significa que el mercado esté bien.

Solo significa que, por ahora, las gigantes siguen aguantando el decorado.

Pero el fondo está nervioso. Los bonos están tensos. El petróleo manda. La volatilidad no se fía. Y hoy, a las 14:30, llega un dato capaz de empujar todo eso en una dirección más violenta de lo que parece.

La línea que vigilar está clara: los 6.591 del S&P 500.

Julio Estella de la Rica

Gestor Patrimonial

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