Buenos días,

Antes de nada, espero que hayáis pasado unos días estupendos, rodeados de familia, amigos… y quizá algún que otro exceso. Hoy el mercado está abierto, sí, pero el volumen será casi simbólico. Silencio en las pantallas, ruido en las cocinas.

Por eso, quiero aprovechar este correo para ir más allá del ruido de corto plazo y centrarme en lo que realmente está cambiando bajo la superficie.

No se trata de si el oro sube o baja esta semana. Se trata de entender por qué está subiendo con tanta fuerza, qué significa que el dólar esté perdiendo soporte estructural, y cómo se está moviendo todo el ecosistema de activos reales, desde mineras hasta metales industriales.

Porque mientras la mayoría se distrae con balances, luces y brindis, el mercado está dando señales claras de que algo se ha roto… o está a punto de hacerlo.

“Esto ya no se sostiene”: la historia detrás de un sistema al límite

Hace dos años, tener oro era como llevar un paraguas en pleno desierto. Hoy, es como abrirlo en medio de una tormenta tropical.

El sistema financiero mundial está entrando en una fase donde las viejas reglas ya no aplican… y las nuevas aún no están escritas.

Los datos no mienten:

  • El bono japonés a 10 años, tradicionalmente la zona zen del mercado, está en máximos no vistos desde los 90s.

  • El oro ha roto todos los techos: $4.500 por onza, +70% en lo que va del año.

  • Y la plata, la hermana nerviosa del oro, ha explotado hasta los $75, con un asombroso +150% YTD.

Esto no es casualidad. Es una señal.

Cuando todo cambia, ¿qué se mantiene?

No estamos ante una simple racha alcista. Estamos presenciando un cambio de régimen.

¿La clave? El dólar.

Durante años, EE.UU. ha jugado con la carta del dólar fuerte. Pero ahora, la narrativa se rompe. Si el índice DXY (que mide su fuerza) cae por debajo de 98, se acabó el juego de siempre.

Ese "soporte técnico" no es solo una línea en un gráfico. Es el último hilo que mantiene unido un sistema basado en deuda barata y fe en los bonos a largo plazo.

Cuando la deuda pesa más que la inflación

El problema ya no es solo la inflación.

Es la gobernabilidad.

Los tipos de interés altos no solo enfrían la economía. Cuando la deuda es tan grande, el coste de financiarla se vuelve insostenible. Lo que antes era una variable técnica, hoy es una crisis política esperando activarse.

Y en ese contexto, ¿Qué hace el mercado? Busca refugio.

El oro ya no es un activo. Es una declaración.

Mientras todo se tambalea, el oro ha dejado de ser “una cobertura”. Ahora es el detector de mentiras del sistema.

  • En relación al efectivo: está en su nivel más alto desde los años 60.

  • Frente a bonos: máximos desde los 80.

  • Contra el S&P 500: acercándose a zonas históricas.

Si el oro es el termómetro del sistema, la plata es la sirena de emergencia. Cuando los dos metales alcanzan máximos a la vez, no es euforia...es el mercado confesando que ya no sabe en qué confiar.

Y no están solos.

El resto de los metales industriales está empezando a cantar la misma melodía. Mineras de oro, cobre y acero han roto techos técnicos tras años de acumulación. Incluso el aluminio (el más rezagado) está testeando su resistencia como si esperara el pistoletazo final.

El mercado va a toda máquina… sin frenos

Una de las frases más peligrosas que veo es: “hay mucho liquidez en monetarios”.

Spoiler: no es verdad.

  • Los fondos monetarios solo pesan el 12.5% de la capitalización del S&P.

  • La liquidez de los gestores está en mínimos históricos.

  • Y la exposición minorista a acciones está en niveles similares al año 2000 (y encima, utilizando apalancamiento...).

¿Qué significa esto? Que, si llega un shock, no hay amortiguadores. Todo está invertido. Y eso, más que fortaleza, es fragilidad.

El final del juego no es un crash. Es un cambio de reglas.

¿Dónde están los verdaderos puntos de inflexión?

  • El desempleo en EE.UU. sube a 4.6%. Parece poco. Pero históricamente, una subida de +1.2 puntos marca el inicio de una recesión.

  • El dólar pierde peso en las reservas globales, y eso ya está apoyando una subida estructural del oro.

  • La deuda pública apunta a un 170% del PIB. En ese escenario, los tipos no pueden superar al crecimiento nominal sin desatar una espiral fiscal.

¿La salida más probable? Represión financiera. Es decir, tipos reales negativos y monedas débiles. Lo que ya se vio en los 40s. y que recuerda a los 70s.

¿Cuándo se acaba todo esto?

  1. Cuando el dólar recupere su fuerza de forma sostenida.

  2. Cuando los rendimientos reales suban sin intervención.

  3. O cuando los metales preciosos se vuelvan una burbuja sin fundamento.

Pero mientras eso no ocurra, 2026 pinta como el año de la ruptura. De las narrativas. De los viejos modelos. Y de los inversores que aún esperan que la próxima década sea igual a la anterior.

Ya tenemos a entidades pronosticando el oro a 10..000$ para antes de 2030

Durante estos días, mientras el ruido de mercado sigue bajo y la atención está (con razón) en otros asuntos, seguiré enviando correos centrados en activos que, a mi juicio, merecen tenerlos en cuenta para esa parte más satélite de las carteras.

No se trata de perseguir rentabilidades, sino de posicionarse con cabeza antes de que el nuevo régimen se consolide del todo.

P.D.
Os dejo esta imagen que, entre risas, dice más de lo que parece.

¿Por qué esperamos a que el oro esté a 4.500$ para comprar, cuando lo ignorábamos a 2.000$?

La respuesta no es técnica, es humana.

Preferimos estar equivocados con la multitud que acertar solos demasiado pronto.


Julio Estella de la Rica

Gestor Patrimonial

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