Buenos días, 

Cerramos una semana marcada por lo que se denomina "El Gran Reajuste".
Lo vivido no ha sido una corrección técnica ordinaria, sino el final de un ciclo de euforia climática, donde el mercado ejecutó una de las trampas de liquidez más violentas en 75 años contra quienes apostaban por el colapso del dólar (el famoso debasement trade).

Qué pasó en RV

  • Índices: El S&P 500 tocó por primera vez los 7.000 puntos, aunque cerró por debajo de máximos intradía. Las grandes del Value lideraron, mientras las Small Caps terminaron la semana en rojo.

  • Sentimiento: El dólar era el activo más odiado… justo antes de girar.

  • Amplitud: Floja. Señal de rotación hacia cíclicas y Russell 2000 si se activa la teoría de la Sonrisa del Dólar.

  • La sonrisa del dólar. Hay un gráfico que lo resume todo. Y no es nuevo. Se llama “The Dollar Smile”. Muestra cómo el dólar se fortalece en dos extremos opuestos:

    • Cuando el mundo entra en pánico (risk-off)

    • Cuando la economía de EE.UU. brilla frente al resto

  • ¿Y en medio? Cuando EE.UU. flaquea y otros crecen mejor, el dólar se debilita.

    El problema es que la mayoría apostaba a que estábamos justo en ese valle: dólar débil, commodities disparados, activos alternativos al alza…Pero el gráfico tiene una trampa: ese valle nunca dura mucho. Y cuando el dólar empieza a escalar por el lado derecho de la sonrisa —por crecimiento, por política monetaria o simplemente por "no estar tan mal como se esperaba"
    todo lo que vivía de su debilidad… colapsa.

Sectores: Energía y Comunicación suben. Salud cae.

Bonos y divisas

Dólar (DXY): Falsa ruptura de soporte, y luego rebote violento. Cierra la semana rompiendo al alza su consolidación.

  • Yields: Suben en todos los tramos. El 10Y con +60pbs sobre el tipo de intervención.

  • Treasury: Esta semana se espera el QRA (anuncio de refinanciación). El mercado vigilará tamaño de subastas para el 2º semestre.

Materias primas y cripto

  • Oro: Tuvo su mejor mes del siglo. Hasta que Kevin Warsh arruinó la fiesta.

  • Plata: Cayó un 39% desde máximos en cuestión de horas. El ratio Plata/Oro tocó niveles solo vistos en 1974 y 1980, preludio de desplomes del 50–70%.

  • Cripto: Bitcoin encadena 4 meses a la baja, hemos visto liquidaciones este fin de semana. Todos los que han invertido a través de los ETFs americanos están en perdidas. El precio se encuentra por debajo de la entrada de Trump a la presidencia, sus votantes procripto no tienen que estar contentos. No me sorprendería algún tipo de medida que hiciera rebotar el precio.

Macro y Bancos Centrales

  • Kevin Warsh nominado a la Fed: Trump lo propone como el nuevo presidente. Ultra hawkish. Querría reducir el balance a lo grande. Posible catalizador para el giro del dólar y consecuentemente la caída de los metales preciosos.

  • Esta semana: Empleo el viernes (NFP). Se esperan entre 45.000 y 85.000 empleos creados. Paro estable en 4,4%.

  • Liquidez: La Fed sigue inyectando $40.000 millones mensuales tras finalizar el QT.

Resultados y micro (Semana Clave)

  • Microsoft ($MSFT): -10% tras guías flojas en la nube.

  • Meta ($META): Sube con fuerza tras batir expectativas.

  • Intel ($INTC): Se hunde un -17%.

Esta semana: concentra el segundo mayor volumen de publicaciones de beneficios del S&P 500: un 25% del total. Es la semana donde el mercado se juega gran parte del relato trimestral. Si hay sorpresas (positivas o negativas) este es el momento en que más van a doler… o a impulsar.

Y en plena "ventana de blackout" de recompras, la volatilidad no tendrá red de seguridad.

Este es el calendario. 

Os dejo gráficos de 4 compañías que sigo de cerca. 

Google

Amazon

Eli Lilly

Novo Nordisk

Comportamiento temáticas. 

El gráfico es contundente: temáticas como espacio/satélites, tierras raras, memoria, centros de datos de IA y metales dominan la parte alta del tablero, con retornos espectaculares tanto en 2025 como en lo que va de 2026.

Mientras tanto, sectores defensivos, bonos, software caro y consumo de ingresos medios quedan rezagados o directamente en negativo.

Lectura clave: El apetito está en lo especulativo, lo estratégico y lo ligado a disrupción (IA, energía crítica, defensa). Pero ojo: eventualmente el mercado rotará. Lo hace siempre. Y cuando la espuma se asiente, activos hoy denostados (bonos, consumo defensivo, software de calidad o small caps) podrían convertirse en las próximas gangas del ciclo.

Este fin de semana me lo he pasado como se pasan los fines de semana entretenidos (peligrosos): con demasiadas pestañas abiertas, café recalentado y la sensación de que, si no entendía qué estaba viendo la gente seria (analistas, traders y bancos de inversión), el lunes me iba a pillar tarde.

He leído notas, resúmenes de estrategia, comentarios de mercado y análisis técnicos de distintas casas para responder a una pregunta sencilla pero incómoda:

¿Qué está pasando con la plata?

Y cuanto más leía, más claro se volvía el patrón. No porque todos dijeran lo mismo —de hecho, no lo dicen—, sino porque, debajo de las diferencias, aparecían las mismas señales repetidas con distintos acentos.

Estas son mis conclusiones.

Mi lectura es que el “trade de debasement” ha entrado en una fase peligrosa: no porque el crecimiento global se haya roto, sino porque el posicionamiento, el apalancamiento y la narrativa han llegado a extremos típicos de techo. El detonante no ha sido un dólar en rally; ha sido, simplemente, que el dólar ha dejado de caer.

Lo que ha pasado en plata y por qué importa

La plata ha marcado un máximo en torno a $120 y, dentro de una ventana temporal que considero de alto riesgo de giro (finales de enero), ha dejado una señal clásica: ruptura fallida.

  • Tras tocar $120, pierde el máximo de principios de semana (zona $117) y activa la dinámica de “cascada”.

  • Se desploma hacia $107, rebota hacia $118 y termina registrando una caída histórica: -18% en la semana.

  • En el mínimo del viernes, llega a estar aproximadamente un 40% por debajo del máximo del día anterior.

Lo relevante no es solo la caída. Es el mensaje: en un mercado parabólico y apalancado, cuando el precio deja de obedecer a la narrativa, el ajuste suele ser rápido al principio y luego largo.

El giro de la narrativa: “debasement” ya no paga la prima

La tesis “debasement” (degradación monetaria) ha sido rentable… hasta que se convierte en consenso. Y cuando el consenso se apalanca, el riesgo deja de ser “equivocarse” y pasa a ser quedarse atrapado.

He observado extremos claros en derivados de divisas:

  • En el dólar, los risk reversals alcanzan niveles excepcionalmente negativos (sesgo extremo hacia puts).

  • En EURUSD, las coberturas al alza se encarecen hasta niveles propios de fiebre especulativa.

Esto no es un matiz. Es un síntoma de saturación: demasiada gente apostando al mismo desenlace.

EURUSD: señal técnica y choque con la realidad política

Mientras el foco mediático estaba en la plata, el EURUSD testea resistencias de largo plazo y gira. A nivel técnico, me quedo con dos ideas:

  • En semanal aparece una vela tipo Gravestone Doji de gran magnitud (señal de rechazo).

  • En mensual, se intuye una posible falla contra directrices estructurales.

Y, en paralelo, aparecen avisos “fundamentales” que el mercado decide ignorar: desde el Banco Central Europeo se verbaliza la incomodidad con un euro demasiado fuerte (por su impacto en competitividad), incluso con la posibilidad de ajustar tipos si la apreciación continúa.

Mi conclusión: cuando el mercado se ríe de señales institucionales claras, normalmente es complacencia.

Tres “strikes” que cambian el partido del dólar

He visto una secuencia que, psicológicamente, suele marcar giro:

  1. El mercado construye consenso: “el dólar se cae”.

  2. Los responsables lanzan mensajes de contención y se ignoran.

  3. El precio deja de validar la tesis y recupera niveles clave.

En ese contexto, me parece importante el mensaje del Tesoro: Scott Bessent enfría rumores y reafirma la idea de “dólar fuerte”. El mercado lo toma a broma… hasta que el gráfico deja de acompañar.

Lo decisivo: el índice dólar puede terminar una semana sin un gran rally (incluso ligeramente a la baja) y aun así desencadenar un daño severo en plata. 

El dólar como palanca: un rebote pequeño puede hacer mucho daño

Escenario conservador: si el dólar rebota solo 4–5% durante los próximos meses (menos que en episodios anteriores), la pregunta no es si “debería” afectar… sino si el sistema de posiciones apalancadas puede aguantarlo.

La lectura es que no hace falta un dólar fuerte: basta con un dólar que no se debilite para que se cierre el grifo del “debasement”.

“No hay plata”: por qué la narrativa de escasez suele aparecer tarde

Cuando un commodity se pone parabólico, los titulares de escasez suelen intensificarse cerca de los techos. El motivo es mecánico: el miedo acelera compras y multiplica la sensación de falta de oferta.

La escala del apalancamiento se entiende con un dato simple:

  • Producción anual global: 25.000–26.000 toneladas (≈ 800–830 millones de onzas).

  • En cuatro sesiones, el volumen negociado agregado equivale a 16 años de producción global, sumando:

    • 1.066.173 contratos COMEX = 5,33B onzas (= 6,5 años)

    • 9.304.000 contratos SHFE = 140.000 toneladas (= 5,5 años)

    • 2.408.502 micro contratos ¡= 2,4B onzas (= 3 años)

    • Flujos tipo ETF (p.ej., iShares Silver Trust (SLV)) en el orden de 952M onzas (= 1,2 años)

En otras palabras: no estamos discutiendo “demanda física marginal”, sino apalancamiento financiero.

Señal de valoración relativa: plata/oro en zona de evento histórico

El ratio plata/oro ha cerrado cerca de 1,74x su media de 200 días. Esto solo ha ocurrido en contadas ocasiones. En episodios comparables, la reversión fue violenta (del orden del 50–70% en meses).

Si el ratio simplemente normaliza hacia su media (sin asumir mercado bajista estructural), el ajuste implícito es grande. En términos orientativos, la normalización podría apuntar a una plata en torno a $56 y un oro cerca de $4.470 antes de que un rebote “sano” tenga sentido.

Asia, calendario y riesgo de liquidación concentrada

Uno de los riesgos  de capitulación, y del que pocos hablan, es que el flujo comprador asiático (dominante durante meses) deje de poder sostener el precio.

A esto se suma un factor operativo: cierres y ventanas de liquidez ligadas al Año Nuevo Lunar pueden concentrar decisiones de reducción de exposición (nadie quiere quedarse atrapado sin salida). En ese entorno, aumentan probabilidades de:

  • margin calls,

  • restricciones de “solo cerrar”,

  • límites diarios y dislocaciones entre bolsas.

Productos apalancados: donde los movimientos dejan de ser lineales

Los instrumentos con apalancamiento y/o primas elevadas (opciones y futuros) son el punto débil.

  • En China, un vehículo “puro” de plata llega a cotizar con 60% de prima, se restringen suscripciones y parte del capital queda atrapado. Con normalización de prima + caída del subyacente, hay un riesgo de -60% a -80%.

  • En EE. UU., ProShares Ultra Silver (AGQ) llega a caer alrededor de -60% en la sesión (y más intradía). En escenarios extremos, el antecedente de productos que colapsan por dinámica de convexidad. 

Mi conclusión: cuando el apalancamiento domina, el mercado se descompone por tramos.

Implicaciones macro y posicionamiento: el “pico de metales” no es el pico del ciclo

No interpreto este episodio como un techo de crecimiento global. De hecho:

  • La economía puede seguir expandiéndose con apoyo monetario/fiscal.

  • Un “reset” de inputs puede aliviar presión en márgenes para cíclicas.

  • Si hay caídas en índices por margin calls, mi sesgo es que podrían ser contenidas comparadas con el drama en metales.

En ese marco, prefiero vigilar oportunidades en pullbacks de cíclicas, small caps y ciertos segmentos tecnológicos, sin perder de vista que energía y petróleo también han funcionado como activos “rebasement” y pueden verse afectados (para bien) por el mismo proceso de normalización.

Conclusión

Lo que me deja este episodio no es una opinión sobre la plata. Es una lección sobre el peligro del exceso optimismo del consenso.

Cuando una idea se convierte en el relato dominante “debasement”, “la moneda se degrada”, “los metales son refugio inevitable” deja de ser una tesis y pasa a ser una identidad. Ya no se discute: se repite. Y en ese momento ocurre algo sutil pero letal: el mercado deja de estar compuesto por compradores y vendedores; pasa a estar lleno de creyentes y especuladores.

El consenso no es malo por sí mismo. Lo malo es lo que trae pegado. Porque cuando demasiada gente está de acuerdo, la siguiente decisión lógica es aumentar el tamaño. Aparece el apalancamiento como gasolina barata. “Si esto es tan obvio, ¿por qué no meter más?”. Y así, sin darse cuenta, el mercado construye una estructura en la que el precio ya no sube por fundamentales ni por flujos sanos, sino por la necesidad psicológica de validar el relato. Una especie de círculo cerrado: el precio sube, el relato se fortalece, entra más dinero, el precio sube más.

Hasta que deja de hacerlo.

Y no hace falta un cataclismo para romper esa máquina. A veces basta con una cosa mínima: que el factor que alimentaba el relato (en este caso, un dólar débil) deje de comportarse como se esperaba. Ni siquiera tiene que girar con violencia. Basta con que no siga cayendo. Ese “no pasa nada” es la grieta. Porque en mercados apalancados, lo que mata no es la mala noticia, sino la pérdida de continuidad.

Ahí es cuando el apalancamiento enseña su verdadera cara. Lo que parecía convicción se revela como fragilidad. La gente no vende porque haya cambiado de opinión, vende porque está obligada. Saltan margin calls. Se estrecha la liquidez. Los rebotes ya no son “oportunidades”, sino respiraciones cortas antes de la siguiente oleada de ventas. Y el mercado, que parecía una escalera mecánica hacia arriba, se convierte en una salida de emergencia demasiado pequeña para demasiados cuerpos.

Por eso estas historias acaban siempre con la misma sensación: incredulidad. “¿Cómo puede caer tanto tan rápido?”. Puede, porque no estaba cayendo un activo: estaba deshaciéndose un sistema de posiciones apalancadas sostenido por un consenso extremo.

Julio Estella de la Rica

Gestor Patrimonial

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